Pues bueno, hace un montón de meses, Enero o por ahí, subi por aquí unas historias cortas sobre Resident Evil. Las voy a volver a subir (me da pereza buscarlas ahora) y a ver que os parece (no son nada del otro jueves ein?). Aviso: astenerse quien no pueda leer más de dos parrafos seguidos, es algo larga (16 páginas).
- R.R.C.-
Siempre pensó que una de las mejores cosas que tenia trabajar de noche era que apenas había tráfico a aquellas horas. De su piso a la emisora tardaba unos 20 minutos, mientras que por el día tardaría casi una hora. Racoon City no era una ciudad particularmente grande pero si bulliciosa, sobretodo los fines de semana. Pero a Kathryn le gustaba vivir allí.
Esta noche era especialmente tranquila y calmada, en todo el trayecto no había encontrado a nadie por la calle ni una sola persona haciendo footing o cosas de ese tipo. Le sorprendió que en medio de la calle hubiese un coche con la puerta del conductor abierta y las luces encendidas pero nadie en el interior. No iba a bajarse, no fuera un truco de algunos pandilleros o atracadores y quisieran pillarla in fraganti, no, a ella no.
Al llegar a la emisora se encontró por fin con alguien, era Bob, el guardia de seguridad que había acabado su turno y ya se marchaba:
_ Buenas noches, Kat. – saludo el hombre mayor.
_ ¿Ya te vas, Bob? Aún no son las 10- le dijo con una sonrisa cómplice.
_ Bueno – se encogió de hombros- Hernández ya esta aquí y no le importa que me vaya. Además, estos viejos músculos necesitan algo de lubricante. Me voy al J`s, he quedado con Mark para hablar de los viejos tiempos.
_ De acuerdo, pero no bebais demasiado porque si no acabareis volviendo a llamarme en directo.
_ No te preocupes, Kat – dijo entre risas – no volverá a pasar.
Se despidieron hasta mañana y Kathryn llamó por el interfono del portal (Emisora R.R.C. entreplanta). Cuando oyó un chasquido ella saludó a la pequeña cámara del interfono y enseguida otro ruido le indico que abriera la puerta. Como siempre, le recibió Hernández a la puerta de la emisora:
_ Buenas noches, señorita Woods – se cogió la visera de su gorra a modo de saludo.
_ Buenas noches, Diego ¿Has dejado escapar al viejo Boby, eh?
_ Claro, señorita. Ya sabe que yo le permito todo al señor Graham.
Diego Hernández era un hombre grande en todos los sentidos; grandes espaldas, gran barriga y gran corazón. Kathryn no era bajita pero aún así al lado del guarda parecía una enana de piernas largas.
A aquellas horas no quedaban más que el equipo indispensable y uno de sus miembros estaba en la zona de descanso tomándose un café. Era Biff Wells el encargado de sonido, que mientras sujetaba un Donut entre los dientes rellenaba por segunda vez su vaso de plástico de negro café.
No se dijeron nada solo se miraron e hicieron gestos con la cabeza, ella preguntando si se había ido ya todo el mundo y él contestándole con gestos que no. En ese momento entró otra mujer que al ver a los dos contertulios se paró en seco:
_ Kat, ya has llegado. – dijo la mujer.
_ Menuda obviedad – farfulló Biff quitándose la comida de la boca.
_ Y tú estas comiéndote la comida de todos antes de empezar, menuda novedad – sermoneó la mujer.
_ Bueno, Amy, haya paz por hoy. Todo esta muy tranquilo para que os cargueis el ambiente…. – los tres sonrieron y las chicas cogieron también un donut que partieron por la mitad, media para cada una.
Al dar las diez en punto el equipo cambió de manos dejando a estos tres al mando de las ondas de la R.R.C. (Racoon Radio City). El programa que dirigía Kathryn era de llamadas para pedir canciones y dedicarlas a alguien. Tenían buena audiencia, aunque hoy había partido pero siempre había alguien que quería escuchar de nuevo su canción favorita o quedar bien con la pareja o hacer el payaso, que solía pasar muy a menudo.
Como siempre empezarían poniendo una canción de su propia elección y como la noche parecía muy calmada empezarían por algo tranquilo. Al finalizar esta tuvieron que poner otra porque nadie llamó:
_ Que cosa más rara – dijo Biff – normalmente siempre tienes problemas para coger todas las llamadas y hoy te quedas de brazos cruzados, ¿eh, Amy?
_ Bueno hoy había partido…
_ Pero no es nada importante lo que se juegan hoy. Y, además, siempre hay alguien que esta solo y llama o cosas por el estilo, ¿no?
La canción estaba a punto de acabar cuando se iluminó la centralita de teléfonos. Tenían dos llamadas. Amy levantó el auricular y pulsó uno de los botones que estaban parpadeando:
_ Emisora RRC…. si…. claro…. de los Blues Brothers, ¿no?... vale ahora le sacamos al aire… sí, sí, sin problema.
Kathryn observaba como empezaba a haber movimiento en la cabina y se tranquilizó un poco Biff le avisó por un monitor el nombre y la canción elegida y a los diez segundos ya estaba hablando con la persona que había llamado. Pero mientras escuchaba la canción se fijó en la cara extrañada que ponía Amy mientras escuchaba por el teléfono. Cuando colgó se quedó mirando el aparato un instante pero al hablarle Biff salió de sus pensamientos:
_ ¿Qué ocurre, Biff? – inquirió Kathryn a través del micrófono interno.
_ No lo sé. Amy dice que era un tio raro que pedía ayuda. – le contestó a través de un micrófono mirándola y encogiéndose de hombros.
Kat miro a la mujer que a su vez la miraba a ella y tras un segundo las dos sonrieron y todo volvió a la calma y la rutina. Llamaron más personas pidiendo más canciones pero, cuando estaban a punto de terminar la primera hora de programa una nueva llamada extraña desbarató el ambiente otra vez.
_ Emisora RRC…. – contestó Alison con voz monocorde y rutinaria.
_ Oiga, oiga, me llamo Joseph, estoy en el instituto Road Street….
_ Bueno ¿qué quiere? Este teléfono es pa…
_ ¡Perdone, perdone es que no se a quien llamar! – replicó la voz que parecía de un adolescente.
_ Pues llama a la policía si te pasa algo malo.
_ ¡No cogen el teléfono! ¡Dios!... – y colgó
_ ¿Qué pasa ahora? ¿Otro que nos ha confundido con la pasma? – preguntó Biff.
_ Sí, otro aunque creo que era una broma la voz del chico era muy joven. Ya sabes la de veces… - vuelve a sonar el teléfono. Mientras Amy atiende la llamada Biff informa a Kathryn que tras esa llamada harían la pausa de las 11.
Cuando llegó la pausa de cinco minutos entró en la cabina donde estaban sus dos compañeros:
_ Bueno al final se han puesto en marcha – señaló con alegría.
_ Sí, aunque los “infiltrados” de hoy no son muy cuidadosos – explicó Amy.
_ Pues la verdad es que no lo están siendo. – comentó Biff – Normalmente te cuentan una “bola” y luego en el aire dejan en ridículo a Kat.
_ No me dejan en ridículo. Son ellos los payasos, no yo.
_ Aunque es curioso que pidan ayuda, en las dos llamadas dijeron que no podían contactar con la policía.
_ Estarán todos durmiendo – bromeó Biff. – Ey! Y si llamamos nosotros a comisaría a ver que pasa.
Las dos mujeres se miraron y no dijeron nada. La petición del hombre fue ignorada y Kat volvió a entrar en su puesto a la espera de nuevas llamadas. Pero no recibieron ninguna en el primer cuarto de hora y comenzaron a poner canciones por su cuenta e incluso pensaban poner más comerciales para ganar tiempo.
Empezaron a alarmarse todos incluso Hernández. Acostumbrado a oir todas las noches a gente pedir canciones por cualquier cosa, hoy solo oía canciones sin dedicatoria. Cuando decidió dejar su puesto un segundo para ver que pasaba ahí al lado oyó unos golpes en la portería, en el piso de abajo, como si alguien aporrease con fuerza la puerta. Miró en el pequeño monitor las imágenes de la cámara colocada en el interfono y vio a un hombre golpear la puerta. Parecía borracho por sus movimientos bruscos y descompasados y golpeaba mirando al suelo. Hernández decidió no hacer nada “ya se cansaría” pensó. Siguió observando al borracho unos minutos en los que parecía haberse calmado un poco ya que habían cesado los golpes aunque el hombre seguía de pie junto a la puerta esperando a que se abriera. Pero algo hizo que el borracho levantase al fin la cabeza y girarse sobre sus talones y al instante alejarse de la puerta y de la visión de la pequeña cámara. Tras unos segundos se oyeron unos gritos a través de las ventanas. Gritos de un hombre y una mujer seguidos de más gritos pero estos últimos más apagados. Pero no fueron los chillidos lo que petrificó al guarda en su silla sino la imagen que vio cuando se giraba el supuesto borracho. Al exponer el otro lado del cuerpo pudo ver en el monitor que el hombre tenía desgarrada la ropa y aún peor, la carne, podía verse perfectamente el hueso de la clavícula que, a demás estaba partida, el cuello también estaba desgarrado y su cara parcialmente ensangrentada.
Las llamadas seguían sin llegar y decidieron llamar al subdirector para decirle lo que ocurría, pero nadie cogía el teléfono:
_ Bueno, pues no se que vamos a hacer de seguir este plan - dijo Biff estirándose en su silla y colocando las manos tras la nuca.
_ Pondremos más canciones hasta las doce y a casa – propuso Amy – Si la gente no quiere llamar no es culpa nuestra…. quizás las líneas estén fallando, ¿no?
_ No, están bien – señaló Kathryn con el auricular del teléfono en su mano.
_ Llama a comisaría – propuso Biff alegremente – comprobemos las historias de los oyentes – decía mientras levantaba los brazos aparentando ser un fantasma.
Llamaron, y mientras Kathryn esperaba oir la señal de descolgarse el teléfono al otro lado de la línea entró Hernández en la habitación:
_ ¿Qué pasa Diego? – preguntó Amy.
_ No lo se, señores. ¿Me lo pueden explicar ustedes? – dijo mientras con el brazo les indicaba que lo siguieran.
Al salir al pasillo oyeron ruidos en la calle que dentro del estudio insonorizado no podrían haber escuchado. Gritos y cosas cayéndose o rompiéndose, y esporádicos disparos. Se acercaron con precaución a la ventana y al abrir una persiana vieron a lo lejos las luces de una explosión:
_ ¡¿Qué coño pasa? – espetó Biff pegándose a la ventana.
_ No lo se, pero hace cinco minutos había alguien en la puerta aporreándola. Era un tipo muy extraño parecía herido de gravedad.
_ No bajaste a ver que era, Diego - pregunto Amy.
_ No, señorita.
_ Bien hecho. Nunca se sabe lo que te puedes encontrar por la noche. – explicó Kat.
_ Eso mismo pensé yo – contesto Diego enorgullecido.
_ Pero, llamarías a emergencias, ¿no? – insistió Amy.
_ Lo intente pero nadie lo cogía.
_ Ey, mirad, mirad – señalaba Biff justo debajo de la ventana.
_ ¿Quienes son?
_ No lo se pero tiene que estar muy borrachos no hacen más que tropezarse con todo lo que… joder mirad a ese le falta…. le falta…. – Biff no sabía como acabar la frase.
_ Le falta un brazo… – terminó de decir Kathryn.
_ Quizás sea un accidente muy grave. No se… un accidente múltiple de tráfico… puede haberse caído un avión. Una vez en las noticias…
_ No lo creo habríamos oido la explosión incluso en el estudio - zanjó Kathryn.
_ Yo no he oido nada y estaba fuera del estudio – confirmó el guarda.
_ La explosión viene en la dirección donde queda la comisaría, creo – informó Biff.
_ Vamos a ver que ponen por las teles locales – propuso Amy mientras se dirigía a la habitación de descanso.
Allí se sentaron los tres mientras Diego se quedaba cerca de la puerta que cerró tras de él, enchufaron el televisor. Racoon City tenía siete canales locales, en cinco de ellos no había emisión y los otros dos eran teletiendas. Decidieron poner la radio y sintonizar la KRN que era un canal todo noticias. Mientras Biff iría a programar la consola de la emisora para que pusiera comerciales sin para, por lo menos en media hora. Los tres restantes escucharon con atención lo que decía la radio:
_ …. Desmentidos los rumores de un accidente aéreo. Nos llegan nuevas informaciones sobre una explosión cerca de la comisaría de Racoon City. Seguiremos informándoles de esta y otras noticias relacionadas con lo que ha ocurrido hoy en el estadio de Béisbol en cuanto nos lleguen nuevas informaciones.
_ Otra noticia a destacar es la gran aglomeración de personas que esta ocurriendo en la Avenida Washington. La verdad es que tenemos serios problemas para notificarles nada nuevo ya que tenemos problemas para contactar con nuestra unidad móvil
_ Parece que también tienen problemas – dijo Amy levantándose nerviosa del sillón.
_ Creo que todo el mundo tiene problemas esta noche – supuso Kat.
_ Oigan, señoritas ya hace mucho rato que se fue el señor Wells…
_ Tienes razón. Espero que no se le haya ocurrido irse por ahí a explorar.
_ Es como un niño pequeño, pero sin el “como”.
Decidieron ir todos a buscarlo, así no habría más desapariciones misteriosas. Los anuncios y cuñas publicitarias seguían sonando perfectamente, por lo que Biff había hecho su trabajo. Pero no había regresado. Entraron en la sala de mandos pero no estaba allí. Diego desenfundó su arma y les señalo a las chicas que esperasen allí, mientras él seguiría buscando por fuera. Al cerrar la puerta Amy echó la llave tras el guarda:
_ Quédense tranquilas ahí dentro, yo miraré por los pasillos y fuera, en el hall. – dijo Diego en voz alta a través de la puerta.
Pasaron diez minutos que parecieron una eternidad. Amy cada vez estaba más nerviosa y no se separaba de la puerta, mientras Kat estaba sentada en el sillón donde se sentaba Biff controlando la consola de la emisora:
_ Ese idiota, tenia que jugar al escondite justo ahora – maldijo.
_ Ey! quien es el idiota – la voz de Biff les hizo dar un respingo y Amy, que estaba apoyada contra la puerta, se dió un golpe en la cabeza contra ella.
_ ¿Dónde, demonios estabas? – gritó masajeándose dolorida la nuca.
_ En el aseo. Todo esto me esta poniendo nervioso y cuando me pongo nervioso… - acabó la frase mostrándoles un tubo de papel higiénico vacío.
_ Perfecto. Pues ahora tenemos a Diego buscándote por ahí fuera mientras tú estabas gastando papel.
_ Bueno, salimos y le llamamos. Tampoco debe de estar tan lejos, ¿no? – dijo el chico que ya se acercaba a abrir la puerta cuando, incluso a través de la puerta insonorizada oyó los disparos.
_ ¡Qué ostias a sido ese ruido – soltó Biff separando rápidamente su mano del pomo de la puerta y mirándola extrañado.
_ Seguro que es el arma de Diego – gimoteó Amy agarrándose a Kat que se había puesto en pie tras oir el ruido.
_ Puede ser que algún “colgao” de afuera se haya colado aquí dentro – creyó Biff.
_ No lo se, pero yo no pienso salir a averiguarlo
_ Pero no podemos dejar al tio solo, Kathryn.
_ Tiene razón, ¿no? ¿Y si esta herido o algo? – apoyó Biff.
_ ¿Y pensáis que nosotros haremos algo útil hay fuera? – les pregunto a los dos – Hernández es un guarda preparado para usar armas y defenderse, se supone que es el vigilante de la emisora. ¿Qué creéis que podríamos hacer nosotros?
_ Más de lo que haríamos quedándonos aquí… - respondió Biff.
Tras decir esto se dirigió a abrir la puerta pero un nuevo disparo le disuadió de empezar su aventura:
_ Esperaremos aquí – concluyó Kat.
Tras dejar en lugar seguro a las mujeres, Diego se dirigió a los diferentes despachos y oficinas de la cadena de radio. La mayoría estaban cerrados con llave y los que estaban abiertos estaban desiertos. Llegó hasta la puerta de entrada de la emisora y abrió la puerta con el máximo cuidado, miró hacia las escaleras pero estaba demasiado oscuro para ver bien, salió un poco al hall de la escalera y encendió la luz. No había nada ni nadie en la escalera del edificio de tres plantas.
Cuando fue a enfundar su pistola oyó un gran golpe en la puerta de entrada al edificio seguida de más golpes frenéticos. Bajó las escaleras pausadamente y con el arma aún en las manos mientras seguían sucediéndose los golpes, entonces a través del cristal y los barrotes de la puerta pudo ver a un chico aporreándola mientras miraba hacia atrás. Al girarse el desconocido vió al vigilante y comenzó a gritar que le abriera. Diego no se fiaba del extraño y no se acercaba más a la puerta, la luz se apagó un segundo antes reconoció a la persona que quería entrar insistentemente al portal mientras seguía mirando intermitentemente a la calle y al interior de la escalera. Era Brady, el hijo mayor del dueño de la cafetería de enfrente de la emisora. Lo conocía porque Diego siempre que salía de trabajar iba a desayunar a esa cafetería y muchas veces le servía el mismo chico que ahora aporreaba la puerta sin cesar.
De un salto abrió la puerta al muchacho y éste entro raudo y trastabillando, cayendo al suelo y apartándose de la puerta hasta tocar la pared.
_ ¿Qué ocurre Brady? ¿Qué te ha pasado? – se acercó a él y lo levantó por los hombros.
Al ponerlo en pie vió que no se podía aguantar derecho, tenia la mirada perdida y sangraba abundantemente por el cuello, al observarlo mejor comprobó que le habían arrancado parte de la garganta de lo que parecía ser un salvaje bocado.
_¡¡Responde, muchacho ¿Qué ha sucedido?!! – preguntó preocupado el guarda.
El joven le miró como si no hubiera reparado en él antes, he intentó hablar pero solo consiguió vomitar sangre en la cara de Diego, éste reaccionó llevándose las manos a la boca y dejando caer a Brady. Cuando se dió cuenta sus reflejos no fueron suficientemente rápidos y cayó el muchacho al suelo dándose un fuerte golpe en la cabeza. Estaba muerto. Parecía que se había desangrado y sus últimas fuerzas las había gastado entrando en el edificio.
Tras comprobar que efectivamente estaba muerto empezó a oir golpes de nuevo en la puerta del edificio. Se giró para ver quien era y vió a cuatro personas, tres hombres y una mujer, aporreando lenta pero fuertemente la portería. Se percató incrédulo, que estaban todos heridos de gravedad pero no parecían darse cuenta y sus miradas estaban perdidas y grises.
Lentamente se acercó a la puerta y pudo ver que detrás de éstos había aún más personas dirigiéndose a la portería. Estaba tan absorto viendo lo que no se podía creer que se acercaba más y más a la puerta y cuando estuvo a dos escasos pasos de la puerta alguien se la abalanzó por detrás haciéndole golpearse con la cabeza en el cristal de la portería rajando el cristal y cayendo al suelo. Intentó revolverse y girar para encarar a su atacante pero su agresor tenía mucha fuerza y le costaba moverse de repente sintió que le daban un mordisco en el hombro derecho y después tiraban de la carne, podía escuchar el sonido de la ropa y su propia carne desgajándose y rompiéndose, gritó a la vez que disparaba mientras se giraba para deshacerse de su agresor. Los disparos daban en todas partes y algunos de ellos dieron en el cristal terminándolo de romper. Ahora el sordo murmullo del exterior se había convertido en un coro de lamentos, gruñidos y respiraciones agonizantes.
A duras penas, Diego, se puso en pie y se dirigió a las escaleras mirando hacia la puerta con la pistola en la mano. Se sentó en el primer escalón y tras mirar que su herida era grave apuntó a la oscuridad intentando localizar a su atacante. Entonces observó que el cuerpo de Brady no estaba donde lo había dejado y que en su lugar había una mancha como de haberse arrastrado por el charco de sangre que había dejado el chico.
_ ¿Has sido tú, Brady? –dijo fatigado el guarda.
_ ¿Se puede saber por qué coño me has mordido?
Nadie le contestó pero pudo distinguir una silueta en la oscuridad. Y estando al lado del interruptor de la luz la accionó. Lo que vió Diego al encenderse las luces le aterrorizó, el muchacho estaba de pie con sus ojos grises clavados en él, con la boca cubierta de su sangre y parecía muy agresivo.
Al ver la luz los que estaban fuera comenzaron a gruñir con más fuerza y agarrándose a los barrotes de la puerta comenzaron a sacudirla.
Esto distrajo un momento a Diego, entonces se abalanzó torpe pero velozmente el que hasta esa misma noche había sido Brady. Pero el guarda reaccionó a tiempo y le disparó, esta vez dándole en la cabeza. Cayó fulminado al suelo y no se movió más. Diego no estaba del todo seguro y decidió alejarse despacio del supuesto cadáver. La luz se volvió a apagar y cuando intentó encenderlas de nuevo tropezó y cayó al suelo, había perdido mucha sangre, estaba demasiado débil. La pistola se le había caído de las manos y no tenía fuerza casi para levantarse pero consiguió ponerse en pie. Cogió su radio portátil he intentó llamar a la central de su empresa. Sólo hubo estática. Viéndose incapacitado para pedir ayuda, pues la radio no daba señal y sin poder avisar a nadie gritando, optó por dirigirse al ascensor mientras seguían la gente de fuera intentando pasar al interior del edificio.
Las puertas del ascensor se abrieron y Diego entró en él. Cansado, apretó cualquier botón y se dejo caer por la pared del cubículo manchándola en su caída. Las puertas se cerraron tras el dejando tras de si a aquella extraña turba que intentaba entrar por la fuerza.
Había pasado demasiado tiempo desde que oyeron el último disparo. No sabían muy bien que hacer he intentaron llamar a la policía varias veces pero nadie les cogía el teléfono:
_ Ni siquiera están las líneas saturadas. Da señal perfectamente – informó Biff visiblemente nervioso.
_ Kat, ¿cuánto tiempo…?
_ No lo se, Amy. Diego debería de haber vuelto hace rato…
_ Bueno, creo que ya va siendo hora de hacer algo, lo que sea – propuso Biff.
_ Tienes razón. Quedándonos aquí...
_ Estaremos más seguros – interrumpió Kathryn – No debemos de movernos innecesariamente.
_ Pero no podemos quedarnos aquí. Son más de las 12 de la noche y no hay señal ni de Diego, ni de nuestros jefes – dijo Biff agarrando los auriculares del teléfono.
_ Si nos movemos…. Podemos acabar peor de lo que estamos – dijo Kathryn mientras se sentaba nerviosa y con la vista clavada en el suelo a punto de llorar.
_ ¿Kat? No te preocupes… – intentó calmar Amy.
_ Entiéndelo – expuso Biff en un tono más calmado – No nos podemos quedar de brazos cruzados mientras no sabemos que ocurre. Aquí estamos completamente aislados del exterior.
_ Sí, y a salvo – le contesto Kat mientras le resbalaba una lágrima por la mejilla.
_ ¿Qué te pasa, Kat? La situación es complicada pero….
_ No se trata de ahora, Amy… - decía mientras reprimía más lágrimas – Es que esto me recuerda a algo que pasó en mi familia cuando era pequeña.
Sus dos compañeros se miraron mutuamente preguntándose con la mirada si alguno de los dos sabía de lo que estaba hablando su amiga:
_ Fue el motivo por el que nos mudamos a Racoon City hace 20 años.
_ Antes vivíamos en Chicago, en un pequeño barrio a las afueras. Teníamos una pequeña casa. Vivíamos mi abuelo, mis padres, mi hermano pequeño y yo. A mi me encantaba vivir allí pero las noches me daban mucho miedo. Algunas noches oíamos ruidos de cristales rotos, o peleas de borrachos y mi hermano y yo nos asustábamos pues a veces se oían tan cerca que…. Bueno, mi padre y mi abuelo decidieron que nos mudaríamos de aquellos barrios pero como éramos una familia de negros no parecía fácil encontrar una casa en las zonas que estaban haciéndose nuevas. Al final mi padre optó por que nos mudásemos de estado y todo, he íbamos a venir aquí, a Racoon City. Entonces era mucho más pequeño, la empresa Umbrella aún no había llegado a esta pequeña ciudad.
_ Pero poco antes de irnos, una de esas noches de jaleo oímos un disparo. Fue muy cerca de casa. Yo y mi hermano nos asustamos tanto que fuimos a la habitación de mis padres. Estaban despiertos y mi padre se estaba vistiendo, iba a salir para ver que ocurría. Mi abuelo y mi madre intentaron persuadirlo. Le decían que “ya se ocuparía la policía”. Pero mi padre salió de la habitación vestido dispuesto a ver que había ocurrido pues pensaba que podría tratarse de algún ladrón que querría entrar en casa y eso él no lo iba a permitir.
_ Pasaron diez minutos y no regresaba. Cuando al fin llegó la policía llamó a la puerta. No entendí bien que le dijo el agente a mi madre pero se desmayo y casi se cae al suelo si no fuera porque el policía y mi abuelo la sujetaron. Yo salí corriendo para ayudar y cuando pasé frente a la puerta vi a otros tres policías en torno a alguien que estaba tirado en el pequeño jardín de la casa.
_ No vi nada más. Mi abuelo me apartó de la puerta y me llevó a la habitación de mis padres. Me contó algo sobre que mi padre se había ido a atender unos recados. Una semana después enterramos a mi padre y un mes más tarde vinimos aquí.
_ ¿Comprendéis lo inútil que es salir fuera? ¿De qué nos servirá? A mi padre lo apuñalaron nada más salir de casa e intentó arrastrarse hasta la puerta y todo por que creía que podía hacer algo… - no pudo continuar y comenzó a llorar en silencio.
Amy la abrazó mientras Biff se giraba mirando a través del cristal el lugar donde todas las noches trabajaba Kat. Estuvieron en silencio un buen rato mientras la mujer se calmaba. Entonces Biff tomó una resolución:
_ Kathryn…. Tienes razón no podemos hacer gran cosa, solos. Iremos todos juntos. No tenemos porque salir de la emisora. Pero por lo menos sí fuera del estudio, aquí estamos demasiado aislados. Por lo menos así podremos ver que ocurre por la ventana – dijo intentando animar a las dos chicas.
_ ¿Tú que crees Kat?
_ Sólo saldremos a los pasillos de aquí, no del edificio, ¿verdad?
_ ¡Claro! Nunca tuve intención de salir del edificio. A no ser que nos acompañase Diego, que seguramente estará por ahí fuera ayudando a alguien.
_ Esta bien saldremos, pero nada de separarse, todos juntos.
_ De acuerdo – exclamaron los dos a la vez viendo la aparente mejoría de su amiga.
Abrieron la puerta, entonces pudieron escuchar los gritos que provenían de la escalera del edificio. Al principio se sobresaltaron y Biff se dirigió rápidamente a la puerta de entrada a la emisora. Estaba cerrada. Se acercaron a la pequeña mesa donde se sentaba el guardia para hacer su turno y miraron el pequeño monitor. Las imágenes que vieron les heló la sangre. Una marabunta de gente apiñada en la puerta principal intentando derribarla con una furia desmedida. Sus gritos podían oírse a través de la puerta de la emisora y también los golpes que le daban a la entrada al edificio. Mientras veían las imágenes vieron como la puerta cedía cada vez más hasta que oyeron un gran estrépito en la escalera, la imagen del monitor se zarandeó un segundo y se apagó dejando solo interferencias en la pequeña pantalla.
_ ¡Dios mío! – grito Amy llevándose las manos a la cara.
_ Atrancad bien la puerta – dijo Kat que ya se dirigía rápidamente para echar todos los cerrojos.
_ Bueno ahora que estamos más seguros… ¿Qué vamos a hacer? – decía Biff mientras se alborotaba el pelo pensando.
_ ¿No hay una salida de emergencia por aquí cerca?
_ Eso es, Amy tiene razón esta justo…
_ Olvídalo, Biff. Esa salida nos llevaría a la calle – cuando Kathryn les informó de este pequeño detalle los dos compañeros se dieron cuenta de lo peligroso que habría sido salir fuera del edificio.
_ Aunque dentro de poco no habrá mucha diferencia entre lo que hay en la calle y lo que habrá aquí.
_ ¡No digas eso, Biff! Esta puerta es más sólida que la que había allí abajo – dijo Amy.
Los alaridos se hicieron más fuertes en las escaleras y Kat, reuniendo todo su valor, se acercó despacio a la puerta para mirar por el ojo de la mira de la puerta. Por él pudo ver como varias siluetas subían torpemente las escaleras y como una de ellas tropezaba y se caía de bruces contra los escalones para poco después volver a levantarse.
_ Esta demasiado oscuro, pero creo que se acercan aquí – dijo en voz muy baja.
_ ¿Qué? – le pregunto Amy.
Kathryn se alejo de la puerta y cuando estuvo cerca de ellos les volvió a informar de lo que había visto. Tras decírselo oyeron los primeros golpes en la puerta. Lo golpes fueron muy violentos y solo hubo un par de ellos. Entonces fue Biff quien se acercó para mirar que ocurría y vio en la penumbra la cara de una persona pegada al ojo de la mirilla. Biff dio un salto hacia atrás y se tropezó con la silla donde solía sentarse Diego, cayendo de espaldas y haciendo algo de ruido. Las dos chicas fueron rápidamente a ayudar a que se pusiera en pie y se alejaron todo lo que pudieron de la puerta:
_ Parece que no se han dado cuenta – suspiró Biff.
_ Esperemos que no – dijo Kat.
Esperaron un par de minutos pero no escucharon ningún otro golpe en la puerta de entrada.
Entraron en una habitación donde normalmente esperaban las posibles visitas que vinieran a la radio, se sentaron en los cómodos sofás y estuvieron callados un buen rato. El primero en hacer algo fue Biff, nervioso fue a encender la tele, cuando la hubo encendido Kat se levanto velozmente y la volvió a apagar.
_ ¿Qué crees que estas haciendo? – le dijo en un murmullo.
_ Iba a quitarle el sonido – dijo Biff con una leve sonrisa – No te preocupes sólo quiero saber si a nivel estatal o nacional se sabe algo de esto.
Volvió a enchufar la televisión pero le quitó inmediatamente el sonido y así fue buscando entre los canales nacionales y estatales para ver si veía o leía algo sobre Racoon City pero no encontraba nada mínimamente relacionado con lo que estaba ocurriendo allí.
_ De momento nadie se a dado cuenta de lo que esta ocurriendo aquí – supuso Biff tras estar un buen rato pegado a la pantalla.
_ ¿Creéis que se darán cuenta? – pregunto Amy, nerviosa.
_ Tarde o temprano lo sabrán. Y la explosión de hace un rato cerca de la comisaría se tiene que haber visto a Kilómetros. – la tranquilizó Kat con una sonrisa.
De repente el semblante de la locutora de radio se torno pálida:
_ ¿Qué te pasa? – inquirió Biff.
_ ¡Tengo que llamar a casa de mi madre….!
Comenzó a mirar alrededor suyo buscando un teléfono, cuando vió que allí no había ninguno salió de la habitación y se fue directa a uno de los despachos que había allí cerca. Sus compañeros la siguieron de cerca pero no intentaron detenerla. Se quedaron en el marco de la puerta mientras ella marcaba frenéticamente los números en un teléfono. El silencio que siguió a la pulsación de teclas fue aún peor que el típico sonido de la línea telefónica. No había señal, estaban incomunicados totalmente con el exterior.
Colgó el teléfono y se quedó mirando la superficie de la mesa que tenía en frente:
_ Se que lo más seguro es quedarse de brazos cruzados pero… - expuso Biff.
_ Sí lo mejor es que no nos movamos y no nos pasará nada – afirmó Kat aún pálida.
_ Pero esta situación es asfixiante y además está tu familia…. Biff y yo no tenemos a ningún familiar aquí y nuestros amigos…. – Amy se dejo caer hasta el suelo y se cubrió la cara con las manos desbordada de malos presagios.
_ Volvamos a la sala, ¿de acuerdo? – y sin esperar respuesta, Biff se dirigió de vuelta a la sala de espera.
Cuando Kat y Amy entraron en la habitación, Biff les hizo una señal de que cerraran la puerta rápido y se acercaran. Cuando así lo hubieron hecho el chico subió un poco el sonido del televisor:
_ ….. de momento es lo único que sabemos pero en breves minutos informaremos con más detalles de los incidentes ocurridos esta noche en Racoon City. Repetimos: varias explosiones se han sucedido en la ciudad en un intervalo muy corto. En un principio se sospecha de un accidente pero las explosiones repetidas y en diferentes puntos hacen sospechar de un ataque terrorista.
_ ¿Un ataque terrorista? – dijo incrédulo Biff. – Pues dudo mucho que las personas del pasillo sean terroristas.
_ Bueno, visto desde fuera es lo que parecerá. - Defendió Amy.
_ Lo importante es que dentro de poco llegará la caballería y por fin……
Un enorme estruendo hizo que temblase todo el edificio haciendo que la luz se fuera y encendiéndose las luces de emergencia:
_ ¡Lo que nos faltaba, un puto terremoto! – maldijo Biff.
_ Esto no nos ayuda en nada – dijo Kat mientras abría la puerta.
Y desde las ventanas que daban a la calle y que ahora estaban rotas, podían ver el gran incendio y la destrucción de un par de edificios que tenían a varias calles de allí:
_ Joder. Si llegamos a estar aquí fuera, estaríamos muertos – confirmo Amy mirando el pasillo que ahora estaba cubierto de cristales.
_ Algo ha explotado o alguien ha hecho explotar algo.
_ ¿Oís los gritos?
_ Sí… parece… un montón de gente asustada.
Se acercaron con precaución a las ventanas y al mirar a la calle vieron pasar a varias personas corriendo seguidas de un policía que llevaba una pistola en una mano y un megáfono en otra. Los tres compañeros de la radio comenzaron a gritar y a hacerle señas al agente. Éste se detuvo y tras reconocerlos se acercó el megáfono a la boca:
_ ¡¡ ¿Cuántos son?!!
_ ¡Somos tres! – le informaba Biff con medio cuerpo fuera y haciéndole el mismo gesto numérico con los dedos.
_ ¡¡ Muy bien. Estamos reuniendo a los supervivientes en la calle Hoffman. Dense prisa!! – tras decir esto siguió corriendo.
_ ¿A los supervivientes?
_ Suena mal, ¿eh?
_ A mi me suena muy mal ¿Vamos a ir? – pregunto Amy con cara incrédula.
_ No lo se…
_ Bueno, Kat el que nos lo ha dicho era un policía y….
_ Sí, era un poli que huía de algo pistola en mano y que encima va dando su posición cada vez que usa ese chisme.
_ Pues tiene razón – dijo Biff mientras se apoyaba en la pared y miraba al techo.
_ O sea, ¿el plan sigue siendo…?
_ Quedarnos aquí. – termino de decir el chico que optó por sentarse en el suelo.
Todos se sentaron en el suelo allí mismo, en el pasillo con las ventanas reventadas tras la última explosión. Cabizbajos y cansados pensaban en como salir de allí. Pasaron varios minutos hasta que Amy comenzó a ver una luz por el pasillo. Rápidamente llamó la atención de sus compañeros cogiendo a su amiga de una de las mangas de su camisa y señalando en dirección a la tenue luz:
_ ¿Qué puede ser? – Kathryn y Biff se miraron a los ojos cuando Amy hizo esta pregunta.
_ Creo que tendremos que….
_ Espera aún no sabemos que puede ser – interrumpió Kat.
Los tres compañeros se recercaron lentamente hasta la esquina del pasillo para confirmar todas sus sospechas:
_ ¡Mierda! El estudio esta ardiendo.
El marco de la puerta que daba al estudio estaba completamente iluminado con un débil color rojizo. El humo comenzaba a inundar el pasillo. Los tres volvieron a las ventanas rotas para respirar un poco mejor:
_ Esto nos hace replantearnos la “invitación” del policía, ¿eh Kat?
_ La verdad es que sí, Biff. No nos queda otra salida que intentar llegar a la calle Hoffman y reunirnos con los supervivientes. No me hace ninguna gracia pero…
_ Sí. O eso o quedarnos aquí a ver como nos freímos vivos.
_ Podríamos intentar apagarlo, ¿no? – propuso Amy.
_ No sería mala idea hace media hora que sería cuando empezó – supuso Biff – pero ahora si intentases abrir esa puerta… bueno habría otra explosión….
_ ¿Pero puede explotar de todas formas?
_ Pues creo que sí – informo Kathryn.
_ ¿La salida de emergencia es por allí? Indicaba Biff con las dos manos.
_ ¡ Sí, vamos allá!
Llegaron a una puerta metallica al final del pasillo. Empujaron del gran tirador que había en su centro y la puerta cedió con un poco de dificultad. Ya situados en la escalera de incendios tocaba decidir:
_ ¿Arriba o abajo? – preguntó Amy preocupada por la respuesta.
_ Abajo. Si fuésemos arriba al arder el edificio nos tocaría igual el fuego.
_ Tienes razón, Biff pero abajo…
_ Lo se pero lo de arriba pasará seguro y lo de abajo… bueno hay más probabilidades de salir ilesos.
Este argumento, aunque no muy convincente fue el que tuvieron que aceptar como válido. Y comenzaron a bajar los escalones metálicos del edificio. Cuando llegaron al nivel más bajo entre Amy y Biff bajaron el último tramo de escalera que era de mano. Chirriaba mientras lo hacían bajar lo cual les hizo parase en un par de ocasiones pero al ver que no conseguían nada con eso la bajaron de golpe, el ruido que hizo fue aún más estrepitoso. Miraron alrededor por si algo o alguien se acercaba pero la visión en esos instantes no era muy buena aún con la iluminación que proporcionaba el incendio que había cerca de allí:
_ Bajaré yo primero – eligió Biff.
_ ¿Quieres ser nuestro caballero andante?
_ Algo parecido – sonrió. Y comenzó a bajar rápidamente la escalera.
Pronto estuvo en el suelo. Comenzó a mirar a su alrededor atentamente y tras un interminable minuto miró donde estaban ellas y les hizo señas de que bajasen. Kat le cedió su turno a Amy para bajar: Ella con una sonrisa nerviosa se agarró a la escalera y comenzó a bajar poco a poco. Miraba hacia abajo, hacia Biff, que la esperaba con los brazos en alto y de vez en cuando miraba a su alrededor.
Cuando Biff tenía los brazos a la altura de las piernas de Amy oyó un ruido en las sombras. Amy también lo escucho y se quedó paralizada:
_ ¡Subid, rápido! – dijo Kat desde arriba en un murmullo.
_ Vamos, Amy arriba – la toco en una pierna y ella reaccionó.
Comenzó a subir para arriba un poco más deprisa pero asustada. Biff se agarró a la escalera y se puso tras la chica. Cuando iba a volver a decirle algo a Amy notó que alguien lo cogía de una pierna con las dos manos. Biff se asusto y pegó un grito. Al mirar quien le agarraba vio a un hombre calvo con un jersey violeta cubierto de sangre que le agarraba de la pierna con fuerza. Intentaba zafarse de él pero no podía soltarse ni pegarle con la otra pierna que tenia apoyada en la escalera. Amy del miedo se quedó paralizada y no podía subir. Kat le gritaba que subiera hasta donde estaba ella. Mientras, Biff optó al final por intentar quitarse a aquel tipo a patadas. Al darle una bien fuerte en la cabeza consiguió dos cosas derribarlo y caerse él de la escalera. Cayó al suelo de espaldas y ni siquiera le dio tiempo a dolerse porque otras dos personas se abalanzaron sobre él. Una de ellas le aferró la cabeza y comenzó a retorcérsela mientras la otra directamente le mordía a la altura del estomago sobre la ropa. Al principio no pasaba nada pero tras un par de mordiscos empezaron a aparecer manchas de sangre. Biff gritaba todo el tiempo pero al comenzar a notar las dentelladas en su piel aumentaron sus gritos convirtiéndose en alaridos de dolor. Pero tras oírse un chasquido dejó de gritar y zarandearse, le habían partido el cuello.
Amy contempló, en completo estado de shock y a escasos dos metros y medio, aquél horror. Mientras Kat intentaba sobreponerse a las lágrimas y los vómitos alargando su mano y llamando a Amy. Al final tuvo que bajar unos escalones y tocarla con la mano para que ella mirase hacia arriba con la cara cubierta de lágrimas y totalmente ausente:
_ Vamos chica, subamos. Dame la mano.
_ De acuerdo - dijo ella que la agarró de una mano y como pudo la subió hasta arriba.
Al llegar al suelo metálico de la escalera de incendios las dos chicas se abrazaron y comenzaron a llorar mientras que bajo sus pies su amigo se había convertido en el centro de atención de lo que sin duda alguna eran zombis.
Tras unos momentos en los que las dos mujeres creían desfallecer, volvieron en si, justo para ver como algunos de aquellos zombis se acercaban a la escalera estudiándola como si recordasen aquel objeto y su función. Al ver a las dos mujeres arriba comenzaron de nuevo a alborotarse:
_ Vámonos de aquí, Amy. Sígueme, de prisa.
Rápidamente comenzaron a alejarse subiendo las escaleras en dirección al tejado ya que no podían volver a entrar por las salidas de emergencia que desde fuera no podían ser abiertas. Intentaban no tropezar con los escalones mientras miraban al suelo de la calle donde aún seguía ocurriendo el desagradable festín.
Al llegar al último piso del edificio, la segunda planta, subieron por otra escalera de mano que había pegada a la pared. Por fin estaban en el tejado. Tras descansar un poco a causa de la sobreexcitación Kat se asomó por el borde de la azotea para ver como uno de aquellos seres se encaramaba de mala manera a la escalera y tropezaba constantemente cayendo al final al suelo:
_ Creo que no van a poder llegar hasta aquí, Amy.
Le dijo a su amiga con una leve sonrisa irónica. Pero al ver la cara lívida de su amiga mirando hacia el centro de la azotea Kathryn se giró lentamente recorriéndole un escalofrío todo el cuerpo. La puerta que daba a terraza estaba abierta y lo que era muchísimo peor, varios de aquellos zombis se paseaban sin rumbo por el lugar:
_ O Dios…. – musito Kat por lo bajo.
_ Tengo que salir de aquí, Kat – comenzó a decir Amy con lágrimas en los ojos.
_ Yo también quiero estar en otro lugar, pero ahora con calma vamos a bajar otra vez a la escalera.
_ No pienso hacerlo – se opuso Amy que miraba a su amiga con un gesto de enfado.
_ ¿Y qué sugieres?
En vez de contestarle, en un arrebato de valentía o de locura, comenzó a correr bordeando la azotea siempre pendiente de los zombis que parecían no verlas. Kat corrió tras ella mirando en su misma dirección. Se pararon detrás de la pequeña caseta que conducía l interior del edificio, fuera de la vista de los demás:
_ Fíjate bien, Kat. El edificio de al lado esta muy cerca podemos saltar hacia él - le decía mientras le señalaba la construcción contigua que estaba a la misma altura que en la que se encontraban.
_ No es una mala idea, Amy – le dijo su amiga mientras le daba una palmada en el hombro.
_ La idea no es mía. Biff siempre decía que en este barrio un ladrón podía ir de tejado en tejado sin tocar el suelo de la calle durante casi un Kilómetro – durante un instante se quedaron las dos calladas el recuerdo de su amigo y su horrible muerte las dejó mudas, al final se miraron a la cara buscando el consuelo la una en la otra.
_ Bueno pues te cedo el honor ya que tú lo has recordado – dijo Kat apartándose de la posible trayectoria que usaría Amy para saltar.
_ Vale, de acuerdo – se apoyó contra la pared de la caseta, soplo fuerte, cogió aire y comenzó a correr. Debía de impulsarse usando el pequeño bordillo que delimitaba la azotea. La carrera era sólo de unos cuatro metros casi, pero cuando estaba muy cerca de dar el salto se paró en seco, deteniéndose justo en el borde y mirando la caída que tenía el edificio:
_ ¡Mierda! Este no es el momento de asustarse, coño –se reprendió a si misma.
_ ¿Saltamos a la vez?
_ Buena idea – sonrió Amy.
_ Bien lo haremos a la de tres, ya sabes: una, dos y ¡tres! … saltamos, ¿vale?
_ Perfecto.
Las dos se situaron otra vez contra la pared. Se miraron de nuevo y después miraron el borde de la terraza. Las dos a la vez comenzarían a contar:
_¡Una….dos… y…. ¡tres!
Comenzaron a correr las dos la pequeña distancia, Kat oyó un ruido pero no se detuvo y saltó con todas sus fuerzas. El impulso no fue lo suficientemente grande y se daría con el borde del otro edificio en la espinilla izquierda, cayendo de bruces en el otro tejado.
Durante un instante se quedo tumbada doliéndose la pierna pero en seguida miró a su alrededor. Amy no estaba. Se incorporó un poco, superando el dolor de su pierna y miró hacia la otra azotea. Tampoco estaba allí, en su lugar dos zombis intentaban avanzar deprisa como si quisieran bordear la caseta. Kat se levanto y llamó a su amiga:
_¡¡ Amy!! ¡¡Amy!! – no hubo respuesta.
Entonces se le ocurrió otra posibilidad, tan funesta como la primera. Miró hacia la calle, casi derrotada por el dolor de la pierna y la idea de que su amiga estuviera en el suelo del callejón. Pero no se veía nada, no podía saber lo que le había sucedido.
Mientras aún se lamentaba de esto, notó que algo se agitaba en la terraza de enfrente. No conseguía ver mucho pero oía unas voces, unos murmullos. Eran sin duda aquellas criaturas pero parecían alteradas por alguna razón. Y antes de que pudiera llegar a alguna conclusión vio aparecer corriendo a su amiga:
_ ¡¡¡Salta, vamos!!!
Amy, que parecía algo aturdida reconoció la voz y se dirigió al borde pero se detuvo en seco y se llevo las manos a la pierna. Parecía herida y no solo en la pierna. Kat podía distinguir varios arañazos en su rostro y también sangraba del brazo derecho:
_ No se si puedo – dijo exhausta.
_ ¡Salta, Amy! Por lo que más quieras.
La mujer se armo de valor y fue otra vez hacia la pared cogió impulso y salto al vacío. Kat quería agarrarla pero solo pudo ver como su amiga daba un grito al ver que no llegaba. Se golpeo contra la pared, reboto y comenzó a caer. Kat pudo ver como volvía a golpearse contra la pared del otro edificio y escuchó el golpe contra el suelo. No podía ver su cadáver pero estaba claro que estaba muerta.
Comenzó a llorar en silencio mientras seguía mirando hacia la oscuridad, hacia el fondo del callejón. Pero unas voces llamaron su atención. Al otro lado y separándolos el vacío comenzaban a acercarse al borde más zombis:
_ ¡Malditos! ¡Estáis, malditos! - les gritaba entre lágrimas.
Pudo distinguir entre ellos a Diego que aun llevaba la pistola en la mano pero ahora ya no la usaría, era uno de ellos. Kathryn siguió gritándoles un buen rato, incluso uno de los zombis cayó al vacío queriendo acercarse a ella. Al ver esto Kat rió nerviosamente y se alejó lo más que pudo de aquel lado. Cojeaba y se agarraba su pierna dolorida. Al llegar al otro extremo de la terraza se sentó en el borde y se hizo un ovillo cansada de todo aquello.
Pasaron un par de horas cuando vió pasar muy cerca de ella un helicóptero. Llevaba un foco encendido que le pasó por encima. Al ver que el aparato parecía aminorar se incorporó como pudo y vió como unos hombres descendían por cuerdas hasta un tejado muy cerca de allí. Los que bajaban parecían del ejército, se movían rápidos e iban armados. Pudo distinguir en el fuselaje del helicóptero una marca, en ella ponía “Umbrella Inc.”. Le daba igual quienes fueran, seguramente la habían visto y venían a rescatarla. Con estos pensamientos se volvió a sentar a esperar su inminente rescate.
- FIN -


.
. Cuando hay más de dos personajes a la vez.....