Mis tres historietas de Resident Evil (por el momento).

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Mis tres historietas de Resident Evil (por el momento).

Notapor Ulyses » 20 Jul 2007 11:51

Pues bueno, hace un montón de meses, Enero o por ahí, subi por aquí unas historias cortas sobre Resident Evil. Las voy a volver a subir (me da pereza buscarlas ahora) y a ver que os parece (no son nada del otro jueves ein?). Aviso: astenerse quien no pueda leer más de dos parrafos seguidos, es algo larga (16 páginas).

- R.R.C.-

Siempre pensó que una de las mejores cosas que tenia trabajar de noche era que apenas había tráfico a aquellas horas. De su piso a la emisora tardaba unos 20 minutos, mientras que por el día tardaría casi una hora. Racoon City no era una ciudad particularmente grande pero si bulliciosa, sobretodo los fines de semana. Pero a Kathryn le gustaba vivir allí.

Esta noche era especialmente tranquila y calmada, en todo el trayecto no había encontrado a nadie por la calle ni una sola persona haciendo footing o cosas de ese tipo. Le sorprendió que en medio de la calle hubiese un coche con la puerta del conductor abierta y las luces encendidas pero nadie en el interior. No iba a bajarse, no fuera un truco de algunos pandilleros o atracadores y quisieran pillarla in fraganti, no, a ella no.

Al llegar a la emisora se encontró por fin con alguien, era Bob, el guardia de seguridad que había acabado su turno y ya se marchaba:

_ Buenas noches, Kat. – saludo el hombre mayor.
_ ¿Ya te vas, Bob? Aún no son las 10- le dijo con una sonrisa cómplice.
_ Bueno – se encogió de hombros- Hernández ya esta aquí y no le importa que me vaya. Además, estos viejos músculos necesitan algo de lubricante. Me voy al J`s, he quedado con Mark para hablar de los viejos tiempos.
_ De acuerdo, pero no bebais demasiado porque si no acabareis volviendo a llamarme en directo.
_ No te preocupes, Kat – dijo entre risas – no volverá a pasar.

Se despidieron hasta mañana y Kathryn llamó por el interfono del portal (Emisora R.R.C. entreplanta). Cuando oyó un chasquido ella saludó a la pequeña cámara del interfono y enseguida otro ruido le indico que abriera la puerta. Como siempre, le recibió Hernández a la puerta de la emisora:

_ Buenas noches, señorita Woods – se cogió la visera de su gorra a modo de saludo.
_ Buenas noches, Diego ¿Has dejado escapar al viejo Boby, eh?
_ Claro, señorita. Ya sabe que yo le permito todo al señor Graham.

Diego Hernández era un hombre grande en todos los sentidos; grandes espaldas, gran barriga y gran corazón. Kathryn no era bajita pero aún así al lado del guarda parecía una enana de piernas largas.

A aquellas horas no quedaban más que el equipo indispensable y uno de sus miembros estaba en la zona de descanso tomándose un café. Era Biff Wells el encargado de sonido, que mientras sujetaba un Donut entre los dientes rellenaba por segunda vez su vaso de plástico de negro café.

No se dijeron nada solo se miraron e hicieron gestos con la cabeza, ella preguntando si se había ido ya todo el mundo y él contestándole con gestos que no. En ese momento entró otra mujer que al ver a los dos contertulios se paró en seco:

_ Kat, ya has llegado. – dijo la mujer.
_ Menuda obviedad – farfulló Biff quitándose la comida de la boca.
_ Y tú estas comiéndote la comida de todos antes de empezar, menuda novedad – sermoneó la mujer.
_ Bueno, Amy, haya paz por hoy. Todo esta muy tranquilo para que os cargueis el ambiente…. – los tres sonrieron y las chicas cogieron también un donut que partieron por la mitad, media para cada una.

Al dar las diez en punto el equipo cambió de manos dejando a estos tres al mando de las ondas de la R.R.C. (Racoon Radio City). El programa que dirigía Kathryn era de llamadas para pedir canciones y dedicarlas a alguien. Tenían buena audiencia, aunque hoy había partido pero siempre había alguien que quería escuchar de nuevo su canción favorita o quedar bien con la pareja o hacer el payaso, que solía pasar muy a menudo.

Como siempre empezarían poniendo una canción de su propia elección y como la noche parecía muy calmada empezarían por algo tranquilo. Al finalizar esta tuvieron que poner otra porque nadie llamó:

_ Que cosa más rara – dijo Biff – normalmente siempre tienes problemas para coger todas las llamadas y hoy te quedas de brazos cruzados, ¿eh, Amy?
_ Bueno hoy había partido…
_ Pero no es nada importante lo que se juegan hoy. Y, además, siempre hay alguien que esta solo y llama o cosas por el estilo, ¿no?

La canción estaba a punto de acabar cuando se iluminó la centralita de teléfonos. Tenían dos llamadas. Amy levantó el auricular y pulsó uno de los botones que estaban parpadeando:

_ Emisora RRC…. si…. claro…. de los Blues Brothers, ¿no?... vale ahora le sacamos al aire… sí, sí, sin problema.

Kathryn observaba como empezaba a haber movimiento en la cabina y se tranquilizó un poco Biff le avisó por un monitor el nombre y la canción elegida y a los diez segundos ya estaba hablando con la persona que había llamado. Pero mientras escuchaba la canción se fijó en la cara extrañada que ponía Amy mientras escuchaba por el teléfono. Cuando colgó se quedó mirando el aparato un instante pero al hablarle Biff salió de sus pensamientos:

_ ¿Qué ocurre, Biff? – inquirió Kathryn a través del micrófono interno.
_ No lo sé. Amy dice que era un tio raro que pedía ayuda. – le contestó a través de un micrófono mirándola y encogiéndose de hombros.

Kat miro a la mujer que a su vez la miraba a ella y tras un segundo las dos sonrieron y todo volvió a la calma y la rutina. Llamaron más personas pidiendo más canciones pero, cuando estaban a punto de terminar la primera hora de programa una nueva llamada extraña desbarató el ambiente otra vez.

_ Emisora RRC…. – contestó Alison con voz monocorde y rutinaria.
_ Oiga, oiga, me llamo Joseph, estoy en el instituto Road Street….
_ Bueno ¿qué quiere? Este teléfono es pa…
_ ¡Perdone, perdone es que no se a quien llamar! – replicó la voz que parecía de un adolescente.
_ Pues llama a la policía si te pasa algo malo.
_ ¡No cogen el teléfono! ¡Dios!... – y colgó
_ ¿Qué pasa ahora? ¿Otro que nos ha confundido con la pasma? – preguntó Biff.
_ Sí, otro aunque creo que era una broma la voz del chico era muy joven. Ya sabes la de veces… - vuelve a sonar el teléfono. Mientras Amy atiende la llamada Biff informa a Kathryn que tras esa llamada harían la pausa de las 11.

Cuando llegó la pausa de cinco minutos entró en la cabina donde estaban sus dos compañeros:

_ Bueno al final se han puesto en marcha – señaló con alegría.
_ Sí, aunque los “infiltrados” de hoy no son muy cuidadosos – explicó Amy.
_ Pues la verdad es que no lo están siendo. – comentó Biff – Normalmente te cuentan una “bola” y luego en el aire dejan en ridículo a Kat.
_ No me dejan en ridículo. Son ellos los payasos, no yo.
_ Aunque es curioso que pidan ayuda, en las dos llamadas dijeron que no podían contactar con la policía.
_ Estarán todos durmiendo – bromeó Biff. – Ey! Y si llamamos nosotros a comisaría a ver que pasa.

Las dos mujeres se miraron y no dijeron nada. La petición del hombre fue ignorada y Kat volvió a entrar en su puesto a la espera de nuevas llamadas. Pero no recibieron ninguna en el primer cuarto de hora y comenzaron a poner canciones por su cuenta e incluso pensaban poner más comerciales para ganar tiempo.

Empezaron a alarmarse todos incluso Hernández. Acostumbrado a oir todas las noches a gente pedir canciones por cualquier cosa, hoy solo oía canciones sin dedicatoria. Cuando decidió dejar su puesto un segundo para ver que pasaba ahí al lado oyó unos golpes en la portería, en el piso de abajo, como si alguien aporrease con fuerza la puerta. Miró en el pequeño monitor las imágenes de la cámara colocada en el interfono y vio a un hombre golpear la puerta. Parecía borracho por sus movimientos bruscos y descompasados y golpeaba mirando al suelo. Hernández decidió no hacer nada “ya se cansaría” pensó. Siguió observando al borracho unos minutos en los que parecía haberse calmado un poco ya que habían cesado los golpes aunque el hombre seguía de pie junto a la puerta esperando a que se abriera. Pero algo hizo que el borracho levantase al fin la cabeza y girarse sobre sus talones y al instante alejarse de la puerta y de la visión de la pequeña cámara. Tras unos segundos se oyeron unos gritos a través de las ventanas. Gritos de un hombre y una mujer seguidos de más gritos pero estos últimos más apagados. Pero no fueron los chillidos lo que petrificó al guarda en su silla sino la imagen que vio cuando se giraba el supuesto borracho. Al exponer el otro lado del cuerpo pudo ver en el monitor que el hombre tenía desgarrada la ropa y aún peor, la carne, podía verse perfectamente el hueso de la clavícula que, a demás estaba partida, el cuello también estaba desgarrado y su cara parcialmente ensangrentada.

Las llamadas seguían sin llegar y decidieron llamar al subdirector para decirle lo que ocurría, pero nadie cogía el teléfono:

_ Bueno, pues no se que vamos a hacer de seguir este plan - dijo Biff estirándose en su silla y colocando las manos tras la nuca.
_ Pondremos más canciones hasta las doce y a casa – propuso Amy – Si la gente no quiere llamar no es culpa nuestra…. quizás las líneas estén fallando, ¿no?

_ No, están bien – señaló Kathryn con el auricular del teléfono en su mano.
_ Llama a comisaría – propuso Biff alegremente – comprobemos las historias de los oyentes – decía mientras levantaba los brazos aparentando ser un fantasma.

Llamaron, y mientras Kathryn esperaba oir la señal de descolgarse el teléfono al otro lado de la línea entró Hernández en la habitación:

_ ¿Qué pasa Diego? – preguntó Amy.
_ No lo se, señores. ¿Me lo pueden explicar ustedes? – dijo mientras con el brazo les indicaba que lo siguieran.

Al salir al pasillo oyeron ruidos en la calle que dentro del estudio insonorizado no podrían haber escuchado. Gritos y cosas cayéndose o rompiéndose, y esporádicos disparos. Se acercaron con precaución a la ventana y al abrir una persiana vieron a lo lejos las luces de una explosión:

_ ¡¿Qué coño pasa? – espetó Biff pegándose a la ventana.
_ No lo se, pero hace cinco minutos había alguien en la puerta aporreándola. Era un tipo muy extraño parecía herido de gravedad.
_ No bajaste a ver que era, Diego - pregunto Amy.
_ No, señorita.
_ Bien hecho. Nunca se sabe lo que te puedes encontrar por la noche. – explicó Kat.
_ Eso mismo pensé yo – contesto Diego enorgullecido.
_ Pero, llamarías a emergencias, ¿no? – insistió Amy.
_ Lo intente pero nadie lo cogía.
_ Ey, mirad, mirad – señalaba Biff justo debajo de la ventana.
_ ¿Quienes son?
_ No lo se pero tiene que estar muy borrachos no hacen más que tropezarse con todo lo que… joder mirad a ese le falta…. le falta…. – Biff no sabía como acabar la frase.
_ Le falta un brazo… – terminó de decir Kathryn.
_ Quizás sea un accidente muy grave. No se… un accidente múltiple de tráfico… puede haberse caído un avión. Una vez en las noticias…
_ No lo creo habríamos oido la explosión incluso en el estudio - zanjó Kathryn.
_ Yo no he oido nada y estaba fuera del estudio – confirmó el guarda.
_ La explosión viene en la dirección donde queda la comisaría, creo – informó Biff.
_ Vamos a ver que ponen por las teles locales – propuso Amy mientras se dirigía a la habitación de descanso.

Allí se sentaron los tres mientras Diego se quedaba cerca de la puerta que cerró tras de él, enchufaron el televisor. Racoon City tenía siete canales locales, en cinco de ellos no había emisión y los otros dos eran teletiendas. Decidieron poner la radio y sintonizar la KRN que era un canal todo noticias. Mientras Biff iría a programar la consola de la emisora para que pusiera comerciales sin para, por lo menos en media hora. Los tres restantes escucharon con atención lo que decía la radio:

_ …. Desmentidos los rumores de un accidente aéreo. Nos llegan nuevas informaciones sobre una explosión cerca de la comisaría de Racoon City. Seguiremos informándoles de esta y otras noticias relacionadas con lo que ha ocurrido hoy en el estadio de Béisbol en cuanto nos lleguen nuevas informaciones.

_ Otra noticia a destacar es la gran aglomeración de personas que esta ocurriendo en la Avenida Washington. La verdad es que tenemos serios problemas para notificarles nada nuevo ya que tenemos problemas para contactar con nuestra unidad móvil

_ Parece que también tienen problemas – dijo Amy levantándose nerviosa del sillón.
_ Creo que todo el mundo tiene problemas esta noche – supuso Kat.
_ Oigan, señoritas ya hace mucho rato que se fue el señor Wells…
_ Tienes razón. Espero que no se le haya ocurrido irse por ahí a explorar.
_ Es como un niño pequeño, pero sin el “como”.

Decidieron ir todos a buscarlo, así no habría más desapariciones misteriosas. Los anuncios y cuñas publicitarias seguían sonando perfectamente, por lo que Biff había hecho su trabajo. Pero no había regresado. Entraron en la sala de mandos pero no estaba allí. Diego desenfundó su arma y les señalo a las chicas que esperasen allí, mientras él seguiría buscando por fuera. Al cerrar la puerta Amy echó la llave tras el guarda:

_ Quédense tranquilas ahí dentro, yo miraré por los pasillos y fuera, en el hall. – dijo Diego en voz alta a través de la puerta.

Pasaron diez minutos que parecieron una eternidad. Amy cada vez estaba más nerviosa y no se separaba de la puerta, mientras Kat estaba sentada en el sillón donde se sentaba Biff controlando la consola de la emisora:

_ Ese idiota, tenia que jugar al escondite justo ahora – maldijo.
_ Ey! quien es el idiota – la voz de Biff les hizo dar un respingo y Amy, que estaba apoyada contra la puerta, se dió un golpe en la cabeza contra ella.
_ ¿Dónde, demonios estabas? – gritó masajeándose dolorida la nuca.
_ En el aseo. Todo esto me esta poniendo nervioso y cuando me pongo nervioso… - acabó la frase mostrándoles un tubo de papel higiénico vacío.
_ Perfecto. Pues ahora tenemos a Diego buscándote por ahí fuera mientras tú estabas gastando papel.
_ Bueno, salimos y le llamamos. Tampoco debe de estar tan lejos, ¿no? – dijo el chico que ya se acercaba a abrir la puerta cuando, incluso a través de la puerta insonorizada oyó los disparos.
_ ¡Qué ostias a sido ese ruido – soltó Biff separando rápidamente su mano del pomo de la puerta y mirándola extrañado.
_ Seguro que es el arma de Diego – gimoteó Amy agarrándose a Kat que se había puesto en pie tras oir el ruido.
_ Puede ser que algún “colgao” de afuera se haya colado aquí dentro – creyó Biff.
_ No lo se, pero yo no pienso salir a averiguarlo
_ Pero no podemos dejar al tio solo, Kathryn.
_ Tiene razón, ¿no? ¿Y si esta herido o algo? – apoyó Biff.
_ ¿Y pensáis que nosotros haremos algo útil hay fuera? – les pregunto a los dos – Hernández es un guarda preparado para usar armas y defenderse, se supone que es el vigilante de la emisora. ¿Qué creéis que podríamos hacer nosotros?
_ Más de lo que haríamos quedándonos aquí… - respondió Biff.

Tras decir esto se dirigió a abrir la puerta pero un nuevo disparo le disuadió de empezar su aventura:

_ Esperaremos aquí – concluyó Kat.



Tras dejar en lugar seguro a las mujeres, Diego se dirigió a los diferentes despachos y oficinas de la cadena de radio. La mayoría estaban cerrados con llave y los que estaban abiertos estaban desiertos. Llegó hasta la puerta de entrada de la emisora y abrió la puerta con el máximo cuidado, miró hacia las escaleras pero estaba demasiado oscuro para ver bien, salió un poco al hall de la escalera y encendió la luz. No había nada ni nadie en la escalera del edificio de tres plantas.

Cuando fue a enfundar su pistola oyó un gran golpe en la puerta de entrada al edificio seguida de más golpes frenéticos. Bajó las escaleras pausadamente y con el arma aún en las manos mientras seguían sucediéndose los golpes, entonces a través del cristal y los barrotes de la puerta pudo ver a un chico aporreándola mientras miraba hacia atrás. Al girarse el desconocido vió al vigilante y comenzó a gritar que le abriera. Diego no se fiaba del extraño y no se acercaba más a la puerta, la luz se apagó un segundo antes reconoció a la persona que quería entrar insistentemente al portal mientras seguía mirando intermitentemente a la calle y al interior de la escalera. Era Brady, el hijo mayor del dueño de la cafetería de enfrente de la emisora. Lo conocía porque Diego siempre que salía de trabajar iba a desayunar a esa cafetería y muchas veces le servía el mismo chico que ahora aporreaba la puerta sin cesar.

De un salto abrió la puerta al muchacho y éste entro raudo y trastabillando, cayendo al suelo y apartándose de la puerta hasta tocar la pared.

_ ¿Qué ocurre Brady? ¿Qué te ha pasado? – se acercó a él y lo levantó por los hombros.

Al ponerlo en pie vió que no se podía aguantar derecho, tenia la mirada perdida y sangraba abundantemente por el cuello, al observarlo mejor comprobó que le habían arrancado parte de la garganta de lo que parecía ser un salvaje bocado.

_¡¡Responde, muchacho ¿Qué ha sucedido?!! – preguntó preocupado el guarda.

El joven le miró como si no hubiera reparado en él antes, he intentó hablar pero solo consiguió vomitar sangre en la cara de Diego, éste reaccionó llevándose las manos a la boca y dejando caer a Brady. Cuando se dió cuenta sus reflejos no fueron suficientemente rápidos y cayó el muchacho al suelo dándose un fuerte golpe en la cabeza. Estaba muerto. Parecía que se había desangrado y sus últimas fuerzas las había gastado entrando en el edificio.

Tras comprobar que efectivamente estaba muerto empezó a oir golpes de nuevo en la puerta del edificio. Se giró para ver quien era y vió a cuatro personas, tres hombres y una mujer, aporreando lenta pero fuertemente la portería. Se percató incrédulo, que estaban todos heridos de gravedad pero no parecían darse cuenta y sus miradas estaban perdidas y grises.

Lentamente se acercó a la puerta y pudo ver que detrás de éstos había aún más personas dirigiéndose a la portería. Estaba tan absorto viendo lo que no se podía creer que se acercaba más y más a la puerta y cuando estuvo a dos escasos pasos de la puerta alguien se la abalanzó por detrás haciéndole golpearse con la cabeza en el cristal de la portería rajando el cristal y cayendo al suelo. Intentó revolverse y girar para encarar a su atacante pero su agresor tenía mucha fuerza y le costaba moverse de repente sintió que le daban un mordisco en el hombro derecho y después tiraban de la carne, podía escuchar el sonido de la ropa y su propia carne desgajándose y rompiéndose, gritó a la vez que disparaba mientras se giraba para deshacerse de su agresor. Los disparos daban en todas partes y algunos de ellos dieron en el cristal terminándolo de romper. Ahora el sordo murmullo del exterior se había convertido en un coro de lamentos, gruñidos y respiraciones agonizantes.

A duras penas, Diego, se puso en pie y se dirigió a las escaleras mirando hacia la puerta con la pistola en la mano. Se sentó en el primer escalón y tras mirar que su herida era grave apuntó a la oscuridad intentando localizar a su atacante. Entonces observó que el cuerpo de Brady no estaba donde lo había dejado y que en su lugar había una mancha como de haberse arrastrado por el charco de sangre que había dejado el chico.

_ ¿Has sido tú, Brady? –dijo fatigado el guarda.
_ ¿Se puede saber por qué coño me has mordido?

Nadie le contestó pero pudo distinguir una silueta en la oscuridad. Y estando al lado del interruptor de la luz la accionó. Lo que vió Diego al encenderse las luces le aterrorizó, el muchacho estaba de pie con sus ojos grises clavados en él, con la boca cubierta de su sangre y parecía muy agresivo.

Al ver la luz los que estaban fuera comenzaron a gruñir con más fuerza y agarrándose a los barrotes de la puerta comenzaron a sacudirla.

Esto distrajo un momento a Diego, entonces se abalanzó torpe pero velozmente el que hasta esa misma noche había sido Brady. Pero el guarda reaccionó a tiempo y le disparó, esta vez dándole en la cabeza. Cayó fulminado al suelo y no se movió más. Diego no estaba del todo seguro y decidió alejarse despacio del supuesto cadáver. La luz se volvió a apagar y cuando intentó encenderlas de nuevo tropezó y cayó al suelo, había perdido mucha sangre, estaba demasiado débil. La pistola se le había caído de las manos y no tenía fuerza casi para levantarse pero consiguió ponerse en pie. Cogió su radio portátil he intentó llamar a la central de su empresa. Sólo hubo estática. Viéndose incapacitado para pedir ayuda, pues la radio no daba señal y sin poder avisar a nadie gritando, optó por dirigirse al ascensor mientras seguían la gente de fuera intentando pasar al interior del edificio.

Las puertas del ascensor se abrieron y Diego entró en él. Cansado, apretó cualquier botón y se dejo caer por la pared del cubículo manchándola en su caída. Las puertas se cerraron tras el dejando tras de si a aquella extraña turba que intentaba entrar por la fuerza.


Había pasado demasiado tiempo desde que oyeron el último disparo. No sabían muy bien que hacer he intentaron llamar a la policía varias veces pero nadie les cogía el teléfono:

_ Ni siquiera están las líneas saturadas. Da señal perfectamente – informó Biff visiblemente nervioso.
_ Kat, ¿cuánto tiempo…?
_ No lo se, Amy. Diego debería de haber vuelto hace rato…
_ Bueno, creo que ya va siendo hora de hacer algo, lo que sea – propuso Biff.
_ Tienes razón. Quedándonos aquí...
_ Estaremos más seguros – interrumpió Kathryn – No debemos de movernos innecesariamente.
_ Pero no podemos quedarnos aquí. Son más de las 12 de la noche y no hay señal ni de Diego, ni de nuestros jefes – dijo Biff agarrando los auriculares del teléfono.
_ Si nos movemos…. Podemos acabar peor de lo que estamos – dijo Kathryn mientras se sentaba nerviosa y con la vista clavada en el suelo a punto de llorar.
_ ¿Kat? No te preocupes… – intentó calmar Amy.
_ Entiéndelo – expuso Biff en un tono más calmado – No nos podemos quedar de brazos cruzados mientras no sabemos que ocurre. Aquí estamos completamente aislados del exterior.
_ Sí, y a salvo – le contesto Kat mientras le resbalaba una lágrima por la mejilla.
_ ¿Qué te pasa, Kat? La situación es complicada pero….
_ No se trata de ahora, Amy… - decía mientras reprimía más lágrimas – Es que esto me recuerda a algo que pasó en mi familia cuando era pequeña.

Sus dos compañeros se miraron mutuamente preguntándose con la mirada si alguno de los dos sabía de lo que estaba hablando su amiga:

_ Fue el motivo por el que nos mudamos a Racoon City hace 20 años.
_ Antes vivíamos en Chicago, en un pequeño barrio a las afueras. Teníamos una pequeña casa. Vivíamos mi abuelo, mis padres, mi hermano pequeño y yo. A mi me encantaba vivir allí pero las noches me daban mucho miedo. Algunas noches oíamos ruidos de cristales rotos, o peleas de borrachos y mi hermano y yo nos asustábamos pues a veces se oían tan cerca que…. Bueno, mi padre y mi abuelo decidieron que nos mudaríamos de aquellos barrios pero como éramos una familia de negros no parecía fácil encontrar una casa en las zonas que estaban haciéndose nuevas. Al final mi padre optó por que nos mudásemos de estado y todo, he íbamos a venir aquí, a Racoon City. Entonces era mucho más pequeño, la empresa Umbrella aún no había llegado a esta pequeña ciudad.
_ Pero poco antes de irnos, una de esas noches de jaleo oímos un disparo. Fue muy cerca de casa. Yo y mi hermano nos asustamos tanto que fuimos a la habitación de mis padres. Estaban despiertos y mi padre se estaba vistiendo, iba a salir para ver que ocurría. Mi abuelo y mi madre intentaron persuadirlo. Le decían que “ya se ocuparía la policía”. Pero mi padre salió de la habitación vestido dispuesto a ver que había ocurrido pues pensaba que podría tratarse de algún ladrón que querría entrar en casa y eso él no lo iba a permitir.
_ Pasaron diez minutos y no regresaba. Cuando al fin llegó la policía llamó a la puerta. No entendí bien que le dijo el agente a mi madre pero se desmayo y casi se cae al suelo si no fuera porque el policía y mi abuelo la sujetaron. Yo salí corriendo para ayudar y cuando pasé frente a la puerta vi a otros tres policías en torno a alguien que estaba tirado en el pequeño jardín de la casa.
_ No vi nada más. Mi abuelo me apartó de la puerta y me llevó a la habitación de mis padres. Me contó algo sobre que mi padre se había ido a atender unos recados. Una semana después enterramos a mi padre y un mes más tarde vinimos aquí.
_ ¿Comprendéis lo inútil que es salir fuera? ¿De qué nos servirá? A mi padre lo apuñalaron nada más salir de casa e intentó arrastrarse hasta la puerta y todo por que creía que podía hacer algo… - no pudo continuar y comenzó a llorar en silencio.

Amy la abrazó mientras Biff se giraba mirando a través del cristal el lugar donde todas las noches trabajaba Kat. Estuvieron en silencio un buen rato mientras la mujer se calmaba. Entonces Biff tomó una resolución:

_ Kathryn…. Tienes razón no podemos hacer gran cosa, solos. Iremos todos juntos. No tenemos porque salir de la emisora. Pero por lo menos sí fuera del estudio, aquí estamos demasiado aislados. Por lo menos así podremos ver que ocurre por la ventana – dijo intentando animar a las dos chicas.
_ ¿Tú que crees Kat?
_ Sólo saldremos a los pasillos de aquí, no del edificio, ¿verdad?
_ ¡Claro! Nunca tuve intención de salir del edificio. A no ser que nos acompañase Diego, que seguramente estará por ahí fuera ayudando a alguien.
_ Esta bien saldremos, pero nada de separarse, todos juntos.
_ De acuerdo – exclamaron los dos a la vez viendo la aparente mejoría de su amiga.

Abrieron la puerta, entonces pudieron escuchar los gritos que provenían de la escalera del edificio. Al principio se sobresaltaron y Biff se dirigió rápidamente a la puerta de entrada a la emisora. Estaba cerrada. Se acercaron a la pequeña mesa donde se sentaba el guardia para hacer su turno y miraron el pequeño monitor. Las imágenes que vieron les heló la sangre. Una marabunta de gente apiñada en la puerta principal intentando derribarla con una furia desmedida. Sus gritos podían oírse a través de la puerta de la emisora y también los golpes que le daban a la entrada al edificio. Mientras veían las imágenes vieron como la puerta cedía cada vez más hasta que oyeron un gran estrépito en la escalera, la imagen del monitor se zarandeó un segundo y se apagó dejando solo interferencias en la pequeña pantalla.

_ ¡Dios mío! – grito Amy llevándose las manos a la cara.
_ Atrancad bien la puerta – dijo Kat que ya se dirigía rápidamente para echar todos los cerrojos.
_ Bueno ahora que estamos más seguros… ¿Qué vamos a hacer? – decía Biff mientras se alborotaba el pelo pensando.
_ ¿No hay una salida de emergencia por aquí cerca?
_ Eso es, Amy tiene razón esta justo…
_ Olvídalo, Biff. Esa salida nos llevaría a la calle – cuando Kathryn les informó de este pequeño detalle los dos compañeros se dieron cuenta de lo peligroso que habría sido salir fuera del edificio.
_ Aunque dentro de poco no habrá mucha diferencia entre lo que hay en la calle y lo que habrá aquí.
_ ¡No digas eso, Biff! Esta puerta es más sólida que la que había allí abajo – dijo Amy.

Los alaridos se hicieron más fuertes en las escaleras y Kat, reuniendo todo su valor, se acercó despacio a la puerta para mirar por el ojo de la mira de la puerta. Por él pudo ver como varias siluetas subían torpemente las escaleras y como una de ellas tropezaba y se caía de bruces contra los escalones para poco después volver a levantarse.

_ Esta demasiado oscuro, pero creo que se acercan aquí – dijo en voz muy baja.
_ ¿Qué? – le pregunto Amy.

Kathryn se alejo de la puerta y cuando estuvo cerca de ellos les volvió a informar de lo que había visto. Tras decírselo oyeron los primeros golpes en la puerta. Lo golpes fueron muy violentos y solo hubo un par de ellos. Entonces fue Biff quien se acercó para mirar que ocurría y vio en la penumbra la cara de una persona pegada al ojo de la mirilla. Biff dio un salto hacia atrás y se tropezó con la silla donde solía sentarse Diego, cayendo de espaldas y haciendo algo de ruido. Las dos chicas fueron rápidamente a ayudar a que se pusiera en pie y se alejaron todo lo que pudieron de la puerta:

_ Parece que no se han dado cuenta – suspiró Biff.
_ Esperemos que no – dijo Kat.

Esperaron un par de minutos pero no escucharon ningún otro golpe en la puerta de entrada.

Entraron en una habitación donde normalmente esperaban las posibles visitas que vinieran a la radio, se sentaron en los cómodos sofás y estuvieron callados un buen rato. El primero en hacer algo fue Biff, nervioso fue a encender la tele, cuando la hubo encendido Kat se levanto velozmente y la volvió a apagar.

_ ¿Qué crees que estas haciendo? – le dijo en un murmullo.
_ Iba a quitarle el sonido – dijo Biff con una leve sonrisa – No te preocupes sólo quiero saber si a nivel estatal o nacional se sabe algo de esto.

Volvió a enchufar la televisión pero le quitó inmediatamente el sonido y así fue buscando entre los canales nacionales y estatales para ver si veía o leía algo sobre Racoon City pero no encontraba nada mínimamente relacionado con lo que estaba ocurriendo allí.

_ De momento nadie se a dado cuenta de lo que esta ocurriendo aquí – supuso Biff tras estar un buen rato pegado a la pantalla.
_ ¿Creéis que se darán cuenta? – pregunto Amy, nerviosa.
_ Tarde o temprano lo sabrán. Y la explosión de hace un rato cerca de la comisaría se tiene que haber visto a Kilómetros. – la tranquilizó Kat con una sonrisa.

De repente el semblante de la locutora de radio se torno pálida:

_ ¿Qué te pasa? – inquirió Biff.
_ ¡Tengo que llamar a casa de mi madre….!

Comenzó a mirar alrededor suyo buscando un teléfono, cuando vió que allí no había ninguno salió de la habitación y se fue directa a uno de los despachos que había allí cerca. Sus compañeros la siguieron de cerca pero no intentaron detenerla. Se quedaron en el marco de la puerta mientras ella marcaba frenéticamente los números en un teléfono. El silencio que siguió a la pulsación de teclas fue aún peor que el típico sonido de la línea telefónica. No había señal, estaban incomunicados totalmente con el exterior.

Colgó el teléfono y se quedó mirando la superficie de la mesa que tenía en frente:

_ Se que lo más seguro es quedarse de brazos cruzados pero… - expuso Biff.
_ Sí lo mejor es que no nos movamos y no nos pasará nada – afirmó Kat aún pálida.
_ Pero esta situación es asfixiante y además está tu familia…. Biff y yo no tenemos a ningún familiar aquí y nuestros amigos…. – Amy se dejo caer hasta el suelo y se cubrió la cara con las manos desbordada de malos presagios.
_ Volvamos a la sala, ¿de acuerdo? – y sin esperar respuesta, Biff se dirigió de vuelta a la sala de espera.

Cuando Kat y Amy entraron en la habitación, Biff les hizo una señal de que cerraran la puerta rápido y se acercaran. Cuando así lo hubieron hecho el chico subió un poco el sonido del televisor:

_ ….. de momento es lo único que sabemos pero en breves minutos informaremos con más detalles de los incidentes ocurridos esta noche en Racoon City. Repetimos: varias explosiones se han sucedido en la ciudad en un intervalo muy corto. En un principio se sospecha de un accidente pero las explosiones repetidas y en diferentes puntos hacen sospechar de un ataque terrorista.

_ ¿Un ataque terrorista? – dijo incrédulo Biff. – Pues dudo mucho que las personas del pasillo sean terroristas.
_ Bueno, visto desde fuera es lo que parecerá. - Defendió Amy.
_ Lo importante es que dentro de poco llegará la caballería y por fin……

Un enorme estruendo hizo que temblase todo el edificio haciendo que la luz se fuera y encendiéndose las luces de emergencia:

_ ¡Lo que nos faltaba, un puto terremoto! – maldijo Biff.
_ Esto no nos ayuda en nada – dijo Kat mientras abría la puerta.

Y desde las ventanas que daban a la calle y que ahora estaban rotas, podían ver el gran incendio y la destrucción de un par de edificios que tenían a varias calles de allí:

_ Joder. Si llegamos a estar aquí fuera, estaríamos muertos – confirmo Amy mirando el pasillo que ahora estaba cubierto de cristales.
_ Algo ha explotado o alguien ha hecho explotar algo.
_ ¿Oís los gritos?
_ Sí… parece… un montón de gente asustada.

Se acercaron con precaución a las ventanas y al mirar a la calle vieron pasar a varias personas corriendo seguidas de un policía que llevaba una pistola en una mano y un megáfono en otra. Los tres compañeros de la radio comenzaron a gritar y a hacerle señas al agente. Éste se detuvo y tras reconocerlos se acercó el megáfono a la boca:

_ ¡¡ ¿Cuántos son?!!
_ ¡Somos tres! – le informaba Biff con medio cuerpo fuera y haciéndole el mismo gesto numérico con los dedos.
_ ¡¡ Muy bien. Estamos reuniendo a los supervivientes en la calle Hoffman. Dense prisa!! – tras decir esto siguió corriendo.
_ ¿A los supervivientes?
_ Suena mal, ¿eh?
_ A mi me suena muy mal ¿Vamos a ir? – pregunto Amy con cara incrédula.
_ No lo se…
_ Bueno, Kat el que nos lo ha dicho era un policía y….
_ Sí, era un poli que huía de algo pistola en mano y que encima va dando su posición cada vez que usa ese chisme.
_ Pues tiene razón – dijo Biff mientras se apoyaba en la pared y miraba al techo.
_ O sea, ¿el plan sigue siendo…?
_ Quedarnos aquí. – termino de decir el chico que optó por sentarse en el suelo.

Todos se sentaron en el suelo allí mismo, en el pasillo con las ventanas reventadas tras la última explosión. Cabizbajos y cansados pensaban en como salir de allí. Pasaron varios minutos hasta que Amy comenzó a ver una luz por el pasillo. Rápidamente llamó la atención de sus compañeros cogiendo a su amiga de una de las mangas de su camisa y señalando en dirección a la tenue luz:

_ ¿Qué puede ser? – Kathryn y Biff se miraron a los ojos cuando Amy hizo esta pregunta.
_ Creo que tendremos que….
_ Espera aún no sabemos que puede ser – interrumpió Kat.

Los tres compañeros se recercaron lentamente hasta la esquina del pasillo para confirmar todas sus sospechas:

_ ¡Mierda! El estudio esta ardiendo.

El marco de la puerta que daba al estudio estaba completamente iluminado con un débil color rojizo. El humo comenzaba a inundar el pasillo. Los tres volvieron a las ventanas rotas para respirar un poco mejor:

_ Esto nos hace replantearnos la “invitación” del policía, ¿eh Kat?
_ La verdad es que sí, Biff. No nos queda otra salida que intentar llegar a la calle Hoffman y reunirnos con los supervivientes. No me hace ninguna gracia pero…
_ Sí. O eso o quedarnos aquí a ver como nos freímos vivos.
_ Podríamos intentar apagarlo, ¿no? – propuso Amy.
_ No sería mala idea hace media hora que sería cuando empezó – supuso Biff – pero ahora si intentases abrir esa puerta… bueno habría otra explosión….
_ ¿Pero puede explotar de todas formas?
_ Pues creo que sí – informo Kathryn.
_ ¿La salida de emergencia es por allí? Indicaba Biff con las dos manos.
_ ¡ Sí, vamos allá!

Llegaron a una puerta metallica al final del pasillo. Empujaron del gran tirador que había en su centro y la puerta cedió con un poco de dificultad. Ya situados en la escalera de incendios tocaba decidir:

_ ¿Arriba o abajo? – preguntó Amy preocupada por la respuesta.
_ Abajo. Si fuésemos arriba al arder el edificio nos tocaría igual el fuego.
_ Tienes razón, Biff pero abajo…
_ Lo se pero lo de arriba pasará seguro y lo de abajo… bueno hay más probabilidades de salir ilesos.

Este argumento, aunque no muy convincente fue el que tuvieron que aceptar como válido. Y comenzaron a bajar los escalones metálicos del edificio. Cuando llegaron al nivel más bajo entre Amy y Biff bajaron el último tramo de escalera que era de mano. Chirriaba mientras lo hacían bajar lo cual les hizo parase en un par de ocasiones pero al ver que no conseguían nada con eso la bajaron de golpe, el ruido que hizo fue aún más estrepitoso. Miraron alrededor por si algo o alguien se acercaba pero la visión en esos instantes no era muy buena aún con la iluminación que proporcionaba el incendio que había cerca de allí:

_ Bajaré yo primero – eligió Biff.
_ ¿Quieres ser nuestro caballero andante?
_ Algo parecido – sonrió. Y comenzó a bajar rápidamente la escalera.

Pronto estuvo en el suelo. Comenzó a mirar a su alrededor atentamente y tras un interminable minuto miró donde estaban ellas y les hizo señas de que bajasen. Kat le cedió su turno a Amy para bajar: Ella con una sonrisa nerviosa se agarró a la escalera y comenzó a bajar poco a poco. Miraba hacia abajo, hacia Biff, que la esperaba con los brazos en alto y de vez en cuando miraba a su alrededor.

Cuando Biff tenía los brazos a la altura de las piernas de Amy oyó un ruido en las sombras. Amy también lo escucho y se quedó paralizada:

_ ¡Subid, rápido! – dijo Kat desde arriba en un murmullo.
_ Vamos, Amy arriba – la toco en una pierna y ella reaccionó.

Comenzó a subir para arriba un poco más deprisa pero asustada. Biff se agarró a la escalera y se puso tras la chica. Cuando iba a volver a decirle algo a Amy notó que alguien lo cogía de una pierna con las dos manos. Biff se asusto y pegó un grito. Al mirar quien le agarraba vio a un hombre calvo con un jersey violeta cubierto de sangre que le agarraba de la pierna con fuerza. Intentaba zafarse de él pero no podía soltarse ni pegarle con la otra pierna que tenia apoyada en la escalera. Amy del miedo se quedó paralizada y no podía subir. Kat le gritaba que subiera hasta donde estaba ella. Mientras, Biff optó al final por intentar quitarse a aquel tipo a patadas. Al darle una bien fuerte en la cabeza consiguió dos cosas derribarlo y caerse él de la escalera. Cayó al suelo de espaldas y ni siquiera le dio tiempo a dolerse porque otras dos personas se abalanzaron sobre él. Una de ellas le aferró la cabeza y comenzó a retorcérsela mientras la otra directamente le mordía a la altura del estomago sobre la ropa. Al principio no pasaba nada pero tras un par de mordiscos empezaron a aparecer manchas de sangre. Biff gritaba todo el tiempo pero al comenzar a notar las dentelladas en su piel aumentaron sus gritos convirtiéndose en alaridos de dolor. Pero tras oírse un chasquido dejó de gritar y zarandearse, le habían partido el cuello.

Amy contempló, en completo estado de shock y a escasos dos metros y medio, aquél horror. Mientras Kat intentaba sobreponerse a las lágrimas y los vómitos alargando su mano y llamando a Amy. Al final tuvo que bajar unos escalones y tocarla con la mano para que ella mirase hacia arriba con la cara cubierta de lágrimas y totalmente ausente:

_ Vamos chica, subamos. Dame la mano.
_ De acuerdo - dijo ella que la agarró de una mano y como pudo la subió hasta arriba.

Al llegar al suelo metálico de la escalera de incendios las dos chicas se abrazaron y comenzaron a llorar mientras que bajo sus pies su amigo se había convertido en el centro de atención de lo que sin duda alguna eran zombis.

Tras unos momentos en los que las dos mujeres creían desfallecer, volvieron en si, justo para ver como algunos de aquellos zombis se acercaban a la escalera estudiándola como si recordasen aquel objeto y su función. Al ver a las dos mujeres arriba comenzaron de nuevo a alborotarse:

_ Vámonos de aquí, Amy. Sígueme, de prisa.

Rápidamente comenzaron a alejarse subiendo las escaleras en dirección al tejado ya que no podían volver a entrar por las salidas de emergencia que desde fuera no podían ser abiertas. Intentaban no tropezar con los escalones mientras miraban al suelo de la calle donde aún seguía ocurriendo el desagradable festín.

Al llegar al último piso del edificio, la segunda planta, subieron por otra escalera de mano que había pegada a la pared. Por fin estaban en el tejado. Tras descansar un poco a causa de la sobreexcitación Kat se asomó por el borde de la azotea para ver como uno de aquellos seres se encaramaba de mala manera a la escalera y tropezaba constantemente cayendo al final al suelo:

_ Creo que no van a poder llegar hasta aquí, Amy.

Le dijo a su amiga con una leve sonrisa irónica. Pero al ver la cara lívida de su amiga mirando hacia el centro de la azotea Kathryn se giró lentamente recorriéndole un escalofrío todo el cuerpo. La puerta que daba a terraza estaba abierta y lo que era muchísimo peor, varios de aquellos zombis se paseaban sin rumbo por el lugar:

_ O Dios…. – musito Kat por lo bajo.
_ Tengo que salir de aquí, Kat – comenzó a decir Amy con lágrimas en los ojos.
_ Yo también quiero estar en otro lugar, pero ahora con calma vamos a bajar otra vez a la escalera.
_ No pienso hacerlo – se opuso Amy que miraba a su amiga con un gesto de enfado.
_ ¿Y qué sugieres?

En vez de contestarle, en un arrebato de valentía o de locura, comenzó a correr bordeando la azotea siempre pendiente de los zombis que parecían no verlas. Kat corrió tras ella mirando en su misma dirección. Se pararon detrás de la pequeña caseta que conducía l interior del edificio, fuera de la vista de los demás:

_ Fíjate bien, Kat. El edificio de al lado esta muy cerca podemos saltar hacia él - le decía mientras le señalaba la construcción contigua que estaba a la misma altura que en la que se encontraban.
_ No es una mala idea, Amy – le dijo su amiga mientras le daba una palmada en el hombro.
_ La idea no es mía. Biff siempre decía que en este barrio un ladrón podía ir de tejado en tejado sin tocar el suelo de la calle durante casi un Kilómetro – durante un instante se quedaron las dos calladas el recuerdo de su amigo y su horrible muerte las dejó mudas, al final se miraron a la cara buscando el consuelo la una en la otra.
_ Bueno pues te cedo el honor ya que tú lo has recordado – dijo Kat apartándose de la posible trayectoria que usaría Amy para saltar.
_ Vale, de acuerdo – se apoyó contra la pared de la caseta, soplo fuerte, cogió aire y comenzó a correr. Debía de impulsarse usando el pequeño bordillo que delimitaba la azotea. La carrera era sólo de unos cuatro metros casi, pero cuando estaba muy cerca de dar el salto se paró en seco, deteniéndose justo en el borde y mirando la caída que tenía el edificio:

_ ¡Mierda! Este no es el momento de asustarse, coño –se reprendió a si misma.
_ ¿Saltamos a la vez?
_ Buena idea – sonrió Amy.
_ Bien lo haremos a la de tres, ya sabes: una, dos y ¡tres! … saltamos, ¿vale?
_ Perfecto.

Las dos se situaron otra vez contra la pared. Se miraron de nuevo y después miraron el borde de la terraza. Las dos a la vez comenzarían a contar:

_¡Una….dos… y…. ¡tres!

Comenzaron a correr las dos la pequeña distancia, Kat oyó un ruido pero no se detuvo y saltó con todas sus fuerzas. El impulso no fue lo suficientemente grande y se daría con el borde del otro edificio en la espinilla izquierda, cayendo de bruces en el otro tejado.

Durante un instante se quedo tumbada doliéndose la pierna pero en seguida miró a su alrededor. Amy no estaba. Se incorporó un poco, superando el dolor de su pierna y miró hacia la otra azotea. Tampoco estaba allí, en su lugar dos zombis intentaban avanzar deprisa como si quisieran bordear la caseta. Kat se levanto y llamó a su amiga:

_¡¡ Amy!! ¡¡Amy!! – no hubo respuesta.

Entonces se le ocurrió otra posibilidad, tan funesta como la primera. Miró hacia la calle, casi derrotada por el dolor de la pierna y la idea de que su amiga estuviera en el suelo del callejón. Pero no se veía nada, no podía saber lo que le había sucedido.

Mientras aún se lamentaba de esto, notó que algo se agitaba en la terraza de enfrente. No conseguía ver mucho pero oía unas voces, unos murmullos. Eran sin duda aquellas criaturas pero parecían alteradas por alguna razón. Y antes de que pudiera llegar a alguna conclusión vio aparecer corriendo a su amiga:

_ ¡¡¡Salta, vamos!!!

Amy, que parecía algo aturdida reconoció la voz y se dirigió al borde pero se detuvo en seco y se llevo las manos a la pierna. Parecía herida y no solo en la pierna. Kat podía distinguir varios arañazos en su rostro y también sangraba del brazo derecho:

_ No se si puedo – dijo exhausta.
_ ¡Salta, Amy! Por lo que más quieras.

La mujer se armo de valor y fue otra vez hacia la pared cogió impulso y salto al vacío. Kat quería agarrarla pero solo pudo ver como su amiga daba un grito al ver que no llegaba. Se golpeo contra la pared, reboto y comenzó a caer. Kat pudo ver como volvía a golpearse contra la pared del otro edificio y escuchó el golpe contra el suelo. No podía ver su cadáver pero estaba claro que estaba muerta.

Comenzó a llorar en silencio mientras seguía mirando hacia la oscuridad, hacia el fondo del callejón. Pero unas voces llamaron su atención. Al otro lado y separándolos el vacío comenzaban a acercarse al borde más zombis:

_ ¡Malditos! ¡Estáis, malditos! - les gritaba entre lágrimas.

Pudo distinguir entre ellos a Diego que aun llevaba la pistola en la mano pero ahora ya no la usaría, era uno de ellos. Kathryn siguió gritándoles un buen rato, incluso uno de los zombis cayó al vacío queriendo acercarse a ella. Al ver esto Kat rió nerviosamente y se alejó lo más que pudo de aquel lado. Cojeaba y se agarraba su pierna dolorida. Al llegar al otro extremo de la terraza se sentó en el borde y se hizo un ovillo cansada de todo aquello.

Pasaron un par de horas cuando vió pasar muy cerca de ella un helicóptero. Llevaba un foco encendido que le pasó por encima. Al ver que el aparato parecía aminorar se incorporó como pudo y vió como unos hombres descendían por cuerdas hasta un tejado muy cerca de allí. Los que bajaban parecían del ejército, se movían rápidos e iban armados. Pudo distinguir en el fuselaje del helicóptero una marca, en ella ponía “Umbrella Inc.”. Le daba igual quienes fueran, seguramente la habían visto y venían a rescatarla. Con estos pensamientos se volvió a sentar a esperar su inminente rescate.

- FIN -
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Notapor Ulyses » 20 Jul 2007 11:54

Si aún estais con ganas de más aquí va la 2ª parte (14 páginas :D).

- ROAD STREET INSTITUTE -

De nuevo en la calle. Esta vez pensaba que se habían pasado con él. No fue él solo, también Sebastian y Greg estaban metidos en el lío, pero a ellos no les pasó nada. No era justo, nunca lo era. Pero quizás en aquella ocasión se habían pasado con la broma; no tenían que haberle prendido fuego a los rollos de papel higiénico de los aseos en el instituto y menos aún estando el director dentro, pero, ¿quién iba a suponer que aquello ardería tanto? Quizás ciertos “gases” ayudarían a la combustión. La cosa es que al final lo habían vuelto a expulsar del instituto y esta vez parecía que para siempre. Le llevaron al despacho del director pero como éste estaba un poco, digamos que, indispuesto, pudo zafarse de los profesores y del conserje, dándose a la fuga. Lo único malo era cuando regresase a casa; sus padres le iban a dar una buena tunda. “A la mierda”, pensó él, mientras paseaba por el parque, ya tenía casi 16 años, era lo suficientemente mayor para buscar trabajo y sacarse el permiso de conducir, lo haría y mandaría a sus padres y a toda la ciudad de Racoon a tomar por culo.

Todas estas cosas no le ayudaban demasiado a levantar su ánimo y sobretodo la idea de no ver a Anja ese día y quizás durante un tiempo, ya que era la hija del conserje. Ella vivía junto con su familia en el mismo instituto y claro, acercarse ahora por allí podría ser peligroso.

Miró su reloj y se dijo “¿Y qué más me pueden hacer? Ya me han expulsado”. Con la decisión tomada dio media vuelta y se dirigió de nuevo al instituto Road Street.

Al llegar a las cercanías del instituto, esperó sentado en un banco de una parada de autobús a que llegará la hora del descanso y saliera la gente de clase. No tardarían mucho, era casi la hora. Al poco tiempo sonó la sirena que indicaba el esperado momento y comenzaron a salir del edificio un montón de adolescentes que rápidamente iban tomando posiciones en grupos reducidos o grandes ocupando las mesas que habían bajo un techado a un lado del gran patio.

Vió a sus dos amigos, los que habían escapado indemnes del “exagerado” castigo que él había recibido:

_ ¡Sebastian, Greg! – los llamaba levantando el brazo.
_ ¿Te han mandado para casa? – preguntó Sebastian cuando llegaron al lado de la verja.
_ En realidad no les ha dado tiempo. Me he ido yo mismo por mi propio pie – sonreía orgulloso.
_ De todas formas llamarán a tus padres – le informó Greg.
_ Ya lo se, pero ahora mismo no habrá nadie en casa. Así que no habrá peligro hasta la noche o quizás hasta mañana. Oye, ¿y que le ha pasado al final a Pershing?
_ Nada grave. Se torció un tobillo al intentar salir corriendo mientras se levantaba los pantalones.
_ Sí, seguro que ahora mismo esta en su despacho llamando sin parar a tu casa, J.D. – se reía Greg.
_ Si no se toma las cosas con más calma acabará cayéndosele el poco pelo que le queda – se reía también J.D.
Los tres amigos siguieron comentando la “jugada” de los aseos cuando una chica se acerco a ellos. Llamó a Greg para hablar con él a parte. Los otros dos chicos se miraron entre ellos sonriendo, cuando regresó su amigo comenzaron a silbarle:

_ No sabíamos que tenías esas dotes ocultas, Gregory –le insinuaba Sebastian.
_ No las tengo –dijo un poco malhumorado – la chica viene de parte de Anja.

Al oir este nombre la sonrisa en la cara de J.D. desapareció, mientras que en Sebastian se alargó un poco más:

_ Ah, claro. No podía ser de otra manera.
_ Bueno y que decía… - dijo J.D. algo molesto con los comentarios de su amigo.
_ Decía que vayas a la cafetería que hay allí, ese que hace esquina, que ahora irá a verte – le informaba un tanto decepcionado por hacer sólo de mensajero.

J.D. miró el lugar indicado y tras despedirse rápidamente y coger su cartera se fue corriendo en dirección al establecimiento indicado:

_ Ya esta, es oir su nombre y pasa de nosotros como de los mismos profesores.
_ Tienes razón, tio. Algún día lo entenderás pequeño saltamontes.
_ ¿Qué estas insinuando? – le inquirió Greg pensando que se refería a su estatura.
_ ¡Nada, nada! ¿Es qué nunca has visto la serie Kung – Fu?
_ No – le dijo mientras le miraba fijamente y volvían al centro del patio.

Cuando J.D. llegó a la puerta de la cafetería miro a través de las ventanas el interior del local pero no veía por ninguna parte la melena de cabellos morenos y ondulados de Anja. Cuando fue a mirar detrás suya para ver si la veía venir se la encontró de frente. Los dos sonrieron sin dejar de mirarse a los ojos y fue él el primero en acercarse para darle un beso, ella no opuso ninguna resistencia y se dieron un largo mimo durante un buen rato. Al terminar entraron en la cafetería y se sentaron en una mesa, la más alejada de la puerta:

_ ¿Y ahora qué, Joseph? – le preguntó ella cambiándole la cara.
_ ¿Qué, de qué?- le contesto algo perdido – ¿No te referirás a lo de hoy?
_ Pues claro que me refiero a eso. Te van a expulsar definitivamente ¿Lo sabías?
_ ¿Te lo ha dicho tu padre?
_ No.Llo supongo. Casi le prendes fuego al instituto….
_ Ey! Que no estaba solo…. – dijo para defenderse.
_ ¿Eso es lo que se te ocurre decir, que “no estabas solo”?
_ Pues sí – se defendió algo molesto.
_ Pues entonces dime, ¿Cuándo nos veremos, si te tiran del “Road”?
_ Tampoco vivo tan lejos, mi casa esta a diez minutos de aquí andando…

Ella daba por imposible hablar más del tema, él parecía no tener ganas de aceptar que la había cagado a base de bien en aquella ocasión. A veces se preguntaba que vió en un chico que se comportaba demasiado a menudo como un gamberro de once años.

Se tomaron el café que habían pedido, lo pagaron y se fueron otra vez rumbo al instituto. Ella llevaba una copia de las llaves de la puerta de entrada al instituto por eso podía estar fuera hablando con él. El hecho de que tuviera las llaves no era una cosa conocida por todos porque sino no pararían de acosarla, de hecho Anja intentaba que nadie supiera que su padre era el conserje de allí, ya tenía bastante con ser inteligente y la intentaran marginar por eso.

Se despidieron en una de las salidas de servicio del instituto con otro beso, esta vez más corto y ella volvió a entrar. Tras dejar al “otro lado” a su novio, Anja volvió a unirse a su grupo de amigas con el tiempo justo porque enseguida sonó la sirena que indicada que volvieran a las clases.

J.D. por su parte, había decidido que iba siendo hora de enfrentarse a la idea de regresar a casa. Al fin y al cabo su madre no regresaría hasta la tarde del trabajo y su padre no aparecería hasta la noche ya que iría después al estadio a ver el partido. Tenía mucho tiempo libre para planear la manera de suavizar la situación, aunque ya auguraba que aquellos próximos días iban a ser un infierno.


Al terminarse las clases de aquel día, Anja, salió del instituto como todos los demás, siempre en su papel de hija de alguien que no era el conserje del Road Street. Sólo dos amigas suyas lo sabían, no le hacía ninguna gracia que se supiese lo más mínimo pero así era y suponía que Sebastian y Greg también estarían al tanto de su parentesco con “Willy”. Cuando llegaron a cierto punto se despidió de sus amigas, doblo una esquina y regresó de nuevo al instituto. Abrió la puerta mirando que nadie la viese y entro en el edificio principal corriendo. Por allí aún estaban algunos profesores, apunto de marcharse. La saludaban por los pasillos y ella respondía cordialmente pero también con prisas, “ya los había visto bastante durante la mañana”. Salió al patio principal y se dirigió a una valla que había en un lateral del mismo que daba a una construcción pequeña de una sola planta. El interior de esta valla estaba resguardado de miradas de curioso por una hilera de cipreses ocultándolo de las miradas de los alumnos que sabían que allí vivía “Willy”:

_ Ya estoy aquí – se presentó al entrar en la casa.
_ Hija mía, no entiendo porque tanto teatro – le reprochó su madre que apareció en la puerta que daba a la cocina. Llevaba en brazos a un niño pequeño.
_ Mama, ya sabes por qué
_ ¡Ya estoy aquí, familia! – dijo el padre de la casa entrando por la puerta.
_ Por eso – señalaba la hija medio a escondidas a su padre.

Se giró para saludarle y se le quedó mirando un rato. A su padre lo llamaban “Willy” porque se parecía mucho al personaje de los Simpsons que hace de conserje en la serie de dibujos, solo que su padre aún no estaba tan calvo y el año pasado se afeito la barba cuando descubrió que lo llamaban así. Ya era tarde para eso.

_ Anja, tengo que hablar contigo sobre tus amigos….- le dijo su padre con cara amable.
_ ¿Qué pasa papa?
_ Hoy han expulsado a ese Joseph del instituto una semana… - esperó un poco para ver la reacción de su hija. Al ver que no se inmutaba prosiguió – y yo se que sus dos amigos también estaban metidos en el lío.
_ ¿Y?
_ Tú te juntas con esa clase de…
_ No sigas, dejémoslo ahí, ¿vale?
_ No, no vale, hija. Si sigues con esas compañías no te esperará nada bueno en el futuro.

Su hija no le hizo mucho caso y se fue a su habitación dejando al padre con las palabras en la boca:

_ No se que puedo hacer… - le confesaba a su mujer.
_ Quizás exageras un poco. Anja conoce a esos chicos desde el curso pasado y sigue sacando buenas notas.
_ El curso sólo acaba de empezar Mary, y ya van a expulsar a ese chico.

Las palabras del hombre dejaron sin argumentos a Mary. Acabada la conversación se dirigió al mueble que había al lado de la puerta y saco una correa para perros y salió de nuevo a la calle:
_ Me voy a sacar un rato a Kodak.
_ Vale. Para cuando vuelvas cenaremos.

Anja estaba en su cuarto, tirada en la cama boca abajo, escuchando lo que decía su padre a través de la puerta. La verdad es que tenía razón. J.D. era muy problemático, era un chico estupendo y cariñoso (cuando estaban solos) pero también era muy cabezota y no le gustaba que lo dirigieran, era un rebelde sin causa. Seguramente debido a su familia. Ella no conocía a los padres de él pero lo que le contaba J.D. no eran precisamente cosas buenas. Recordando estas cosas y mirando las paredes de su habitación recordó algo importante, cogió el teléfono de su mesita de noche y llamó a su novio:

_ ¿Quién?
_ J.D. se nos ha olvidado… - decía ella ilusionada.
_ ¿El qué?
_ ¿No te acuerdas de lo de esta noche?
_ ¿Pues que mis padres me van a matar?
_ No, idiota. El concierto de los Resident Enemy.
_ ¡Ostia, es verdad! Con todo lo que ha pasado esta mañana ya no me acordaba. Bueno que sepas que al final solo vamos a ir tú y yo, los demás no podrán venir.
_ ¿Y tú sí?
_ Claro que sí. Lo que voy a hacer es irme ahora de aquí y así no me verán mis padres. Nos vemos después de cenar, cogemos el tranvía y nos acercamos a “La Tienda”.
_ De acuerdo.

Ella colgó el teléfono y salió de la habitación más contenta. Al verla su madre, la llamó para hablar:

_ Hija….
_ Sí, mamá, ya lo sé.
_ Tu padre…
_ También lo sé.
_ Bueno, que lista que eres y aún así te puedes meter en un lío. Anda, ayúdame a poner la mesa.
_ ¿Dónde esta Mike?
_ En su cuna, durmiendo.

Pusieron la mesa y esperaron un rato pero el conserje y cabeza de familia no regresaba. Y estaba tardando mucho, fuera empezaba a oscurecer:

_ Se habrá entretenido hablando con Stanfield, el profesor de Física y Química. Creo que vive por aquí cerca y también tiene un perro. – informó Anja.
_ Sí, no sería la primera vez. Pero aún así, esta oscureciendo, debería de darse cuenta lo tarde que es…. Bueno vamos a cenar nosotras.

Cuando ya estaban terminando, tocaron a la puerta de casa. Las dos fueron rápidamente a ver quien era, no era normal que tocasen directamente en la puerta. Era el conserje, llevaba las manos y la ropa ensangrentadas:

_ ¡Dios mío! – exclamó su mujer.
_ No te preocupes, Mary no es mía – intentó tranquilizar rápidamente.
_ ¿De quién…? Preguntó su hija.
_ Es… de Kodak.
_ ¡¿De Kodak?! – dijeron ellas al unísono.
_ ¿Qué…?
_ Estaba sacando al perro por allí detrás, en el parque, como siempre. Y me encontré con Stanfield…
_ ¿Le atacó su perro? – pregunto la mujer.
_ No, por dios. Si el perro de Stanfield es mucho más pequeño que el nuestro. Mirad, estábamos allí hablando tranquilamente cuando los perros se asustaron. Parecía que a alguien se le había escapado otro perro y estaba merodeando por el parque. Entonces no había nadie por ahí así que no sabíamos de quien podría ser. Cuando se acercó más vimos que el perro estaba mal herido, quizás lo habían atropellado…
_ Pobre perro – dijo Anja, pero su padre la miró mientras negaba con la cabeza.
_ No. Aquel perro parecía herido pero en cuanto nos acercamos a él se puso hecho una furia. Se abalanzó contra nosotros, Kodak intentó defendernos pero el otro perro le mordió fuertemente en la cabeza. Stanfield y yo intentamos apartar a aquel animal pero se revolvía y no soltaba al perro, incluso le dábamos golpes con las correas pero nada. Al final cogí una de las papeleras que hay en el parque y le aticé varias veces. Soltó a su presa y me miró – paró un momento de contar la terrible historia recordando el momento, estaba pálido – Entonces con la misma rabia y velocidad me atacó a mi, me defendí del ataque poniendo por delante la papelera, que es metálica, aquella bestia se golpeo contra ella pero me tiró al suelo, no sabía que hacer. Le dije a Stanfield que se fuera y llamase a la policía. Él agarró a su perro y se fue corriendo de allí. El perro entonces se dió cuenta de su presencia y pasó de mi para atacar a Stanfield. Le saltó a la espalda y le mordió en el cuello, calló al suelo fulminado… su…. Su perro no paraba de ladrar hasta que también lo mató…. – el hombre se sentó en una silla del comedor y se miraba las manos ensangrentadas.
_ ¿El Sr. Stanfield está muerto? – preguntó incrédula Anja.
_ ¿Y qué pasó?
_ Me levanté y quería ayudar pero…. vi que Kodak aún estaba vivo, lo cogí en brazos y lo traje para casa. He venido lo más rápido que he podido. Hay…. Hay que llamar…
_ Ya lo hago yo – dijo su mujer.

El hombre parecía destrozado por los acontecimientos y estaba a punto de echarse a llorar:

_ ¿Esta Kodak en su caseta?
_ Sí, sí. Lo he dejado allí. Tenemos que llamar también a un veterinario – le decía a su mujer y a su hija.

Anja iba a salir a la calle, a ver a su perro, pero su padre la detuvo, le dijo que era mejor que no viese al perro ahora.

Estaban todos preocupados, ya se había hecho de noche y hacía rato que habían llamado tanto a la policía como al veterinario:

_ Tardan mucho, ¿no creéis? – comento el padre.
_ Me ha dicho el veterinario que tardaría un poco ya que en su consulta había más gente a las que le habían mordido perros incluso dijo que había uno que le había mordido su hijo… - dijo con una leve sonrisa.

En ese momento Anja recordó que había quedado con J.D. para ir al concierto. Ya era tarde para avisarle de que no iba a ir después de lo que había ocurrido aquella tarde-noche. Tenía que salir fuera, ya que estaría por allí esperándola, pero no sabía cómo, sus padres no la iban a dejar salir con aquella bestia suelta tan cerca de casa. Pero es que si no lo hacia podría atacar a J.D. Lo había decidido, tenía que salir fuera. Se levantó y se dirigió a la puerta:

_ ¿Dónde vas? – le preguntó su madre.
_ Tengo que salir fuera un momento.
_ De eso nada, Anja. Ya te he dicho lo que hay ahí fuera.
_ Pero… es que tengo que salir a…. – no sabía que contarles.
_ Has quedado con ese chico, ¿verdad? – intuyó su madre.
_ ¡¿Cómo?! – exclamó el conserje.
_ Sí – dijo ella firmemente.
_ Bueno iré contigo fuera – se ofreció su padre – No vaya a ser que te ataque ese bicho o que le ataque a él.

Su padre se puso en pie cogió una chaqueta, la linterna y una gorra y esperó a su hija en la puerta. Salieron los dos fuera, ya era noche cerrada. Cuando llegaron al cercado que separaba su casa del instituto se pararon un momento. El conserje quería ver como se encontraba Kodak. Se acerco a la caseta y miró con la linterna en su interior. Entonces maldijo en voz baja y comenzó a mirar alrededor de la caseta:

_ ¿Qué ocurre, papá?
_ No está.
_ ¿Kodak?
_ Ni rastro. No se que habrá pasado, estaba inconsciente cuando lo dejé aquí. Hija toma las llaves y busca a ese chico, Joseph. Date prisa.

La chica recorrió los patios del instituto corriendo, siempre mirando a su alrededor por si veía a Kodak… o al otro perro. Al llegar a la puerta de la calle no vió a nadie. La calle estaba desierta, más de lo habitual, no era tan tarde, serían las ocho y media. No quiso abrir la puerta, tenía miedo de que entrase ese perro dentro. Seguía observando al exterior cuando alguien la agarró por la cintura y dijo:

_ ¡Buh!
_ ¿Estas idiota o qué te pasa? - gritó ella histérica al ver que era J.D.
_ Sólo era un pequeño susto.
_ A veces eres un poco… gilipollas.
_ ¡Ey! ¿Qué coño te pasa? Llevaba media hora en la calle y tú no aparecías. Me iba a ir pero aparecieron unos tíos borrachos que empezaron a acosarme y tuve que saltar la valla – el chico estaba muy molesto- Ábreme la p*ta puerta, yo me largo.
_ ¡Espera! No te puedes ir.
_ ¿Por qué?

Ella le contó toda la historia sobre lo que le había ocurrido a su padre y a su perro en le parque que había cerca del instituto. Él no se habría creído nada si no fuera porque ella comenzó a llorar mientras lo terminaba de contar. La abrazó durante un rato, parecía que la cosa estaba fea.

Tras el abrazo se dirigieron de nuevo de vuelta a la casa de ella. A J.D. no le hacía ninguna gracia ir a casa de “Willy” y encontrárselo allí. Le dijo a Anja que no se preocupase que él se iría a casa, que no iba a pasar nada. Pero ella insistió y al final accedió, entre otras cosas porque no tenía ganas de volver a saltar la verja otra vez.

Cuando llegaron a la otra puerta, ésta estaba abierta. Anja comenzó a llamar a su padre pero nadie contestaba. Entraron en el recinto que daba a su casa y vieron que también estaba la puerta de la vivienda abierta. Ella iba a entrar corriendo pero su novio la detuvo y le dijo que guardase silencio. Entraría él primero. Se acercaba lentamente al umbral de la puerta. Algunas luces del interior de la casa estaban encendidas “¿Qué había pasado?” se preguntaba el chico, también se oía un extraño ruido como si alguien rascase una puerta. Pero antes de entrar vieron un foco de luz en las paredes de la casa, iluminándolas. Era la luz de una linterna. Miraron detrás de ellos y vieron llegar corriendo a la madre de Anja con la linterna en la mano:

_ ¿¡¿Qué pasa mamá?! – inquirió su hija.
_ Vamos… deprisa… al instituto, vamos – les decía con la respiración entrecortada por la carrera y el miedo - ¡Vamos!

La siguieron hasta entrar dentro del mismo instituto, cerraron las puertas tras ellos con llave y siguieron corriendo por los pasillos en la penumbra hasta llegar a la enfermería, cuya luz estaba encendida aunque la puerta estaba cerrada. Cuando entraron en la habitación lo primero que vieron fue al conserje tumbado en la camilla con la ropa aún más cubierta de sangre y unas vendas mal puestas en el cuello y el brazo izquierdo. Estaba consciente pero no podía hablar. La mujer cogió a su hijo pequeño en brazos que estaba sentado debajo de la camilla, jugando con un rollo de vendas:

_ Le mordió Kodak – informó la mujer.
_ ¿El perro? – preguntó J.D.
_ ¿Qué pasó?
_ Tu padre no encontraba al perro, pensó que había saltado la cerca, aunque no sabía cómo e iba a salir a la calle. Entró en casa para coger tus llaves y fue cuando le atacó – la mujer se puso a temblar.
_ ¿Y cómo han llegado hasta aquí? – pregunto el chico.
_ Mi marido consiguió quitarse a Kodak de encima y lo encerró en el aseo. Después vinimos aquí, lo vendé como pude y fui a ver si os encontraba...

La mujer estaba claramente alterada y superada por la situación, sostenía a su hijo en brazos con la mirada fija en el suelo. El niño parecía ajeno a todo aquello y seguía jugando con el rollo de vendas en las manos:

_ Bueno, ¿Qué hacemos? – pregunto J.D. tras un largo silencio.
_ Llamaremos a la policía. – optó Anja.
_ Ya lo he intentado… - la informó su madre – Me cogió el teléfono un hombre pero me dijo que no podían atenderme en esos momentos, que llamase más tarde.
_ ¿Cómo?
_ ¿Qué clase de policías tenemos en Racoon? – dijo Anja sorprendida – De todas formas vamos a llamar otra vez, ¿vale? ¿Dónde esta el teléfono, mamá?
_ Esta ahí en esa habitación pequeña –les informo indicándoles con la mirada una puerta blanca.

La habitación era en realidad un gran armario donde se guardaban las “medicinas” y demás productos sanitarios. En la pared al lado de la puerta había un teléfono blanco. Fue Anja la que agarró el aparato para llamar de nuevo a comisaría. Sonaron los tonos pero nada ocurría, nadie recogía su llamada:

_ Es increíble… - se quejaba Anja.
_ Quizás ocurre algo grave, ¿no crees?
_ ¿Algo que moviliza a toda la comisaría de la ciudad de Racoon?
_ Sí – contesto el chico convencido.

Salieron del pequeño cuarto e informaron de la no conexión policial. El conserje aún estaba consciente pero cada vez parecía más cansado. Su mujer se acerco hasta él, dejando al bebé al cargo de su hermana. Le apartó un poco las vendas para ver como estaban pero no pudo soportar mucho tiempo aquella visión y las tapó rápidamente. Su marido al ver el gesto asustado de ella intento acariciarla con la mano derecha pero todo le dolía demasiado y cejó en el empeño.


Pasó bastante tiempo, en el cual se intentó llamar al hospital, a los bomberos y a la policía en varias ocasiones y siempre le daban largas diciéndoles que estaban saturados y en el caso de la comisaría, ni cogían el teléfono. Aquello se estaba volviendo cada vez peor y la situación del conserje empeoraba. Tosía sangre y le dolía todo el cuerpo, se incorporó porque no podía soportar más el dolor pero al hacerlo cayó de bruces sin que nadie pudiera evitarlo. Todos se lanzaron para socorrerle y ponerlo, por lo menos, boca arriba y al darle la vuelta comprobaron que había muerto. La mujer se puso a llorar sobre el cadáver de su marido y Anja cayó de rodillas al suelo sujetando aun en brazos a su hermano pequeño, lloraba en silencio. J.D. se mantuvo firme pero sin saber que hacer, se quedó quieto viendo con impotencia el fin de “Willy”. Tras un rato que parecía interminable, J.D. intentó poner en pie a Anja, las dos mujeres aún sollozaban. Extrañamente el niño se mantenía al margen, no lloraba, miraba como a su hermana le resbalaban por sus mejillas las lágrimas y lo único que hacía era tocarlas con los dedos. Al final se pusieron todos en pie:

_ Ayúdame a ponerlo otra vez en la camilla – pidió la mujer a J.D., intentando rehacerse.

Pero al agacharse para coger el cuerpo éste sufrió un espasmo. Los dos se pusieron derechos como impulsados por resortes. A la madre le vinieron las lágrimas de nuevo a los ojos, pensaba que le estaban dando estertores agónicos pero su suposición duró poco tiempo. El conserje, que parecía muerto, puso las manos en el suelo y comenzó a incorporarse lentamente. Todos se apartaron de él, nadie daba crédito a la milagrosa recuperación. Cuando al fin estuvo en pie se quedó inmóvil, respiraba con fuerza emitiendo un sonido líquido:

_ ¿Cariño?

Le llamó su mujer y en un segundo el conserje se giró en su dirección mirándola con ojos grises y vacíos, parecía cabreado:

_ ¿Qué te pasa? – preguntaba la mujer mientras se pegaba a la pared.

La respuesta que le dio fue abalanzarse sobre ella y agarrarla por los hombros dándole un bocado en el cuello. Le arrancó un gran pedazo de carne. Las blancas paredes se mancharon con una explosión de sangre proveniente del cuello de la mujer mientras ésta con la cara desencajada ni tan siquiera pudo gritar.

Los dos chicos gritaron y huyeron de allí a toda prisa, cerrando la puerta de la enfermería tras ellos. J.D. mantenía la puerta atrancada cogiéndola por el pomo:

_ ¡Usa las llaves de tu padre, Anja!

Ella había echado a correr pero se detuvo en seco al oir al chico. Dejó al bebé en el suelo y sacó de un bolsillo las llaves. Tenía una llave maestra para abrir y cerrar todas las puertas del edificio. La introdujo en la cerradura y la cerró. Un instante después de sacar la llave hubo un fuerte golpe en la puerta y el conserje rompía el cristal intentando agarrar a su hija, pero ésta cayó al suelo de culo. J.D. la ayudó a ponerse en pie mientras miraban los dos la figura de aquel monstruo con la cara desencajada y cubierta de sangre que intentaba alcanzarlos a través de la pequeña ventana de la puerta. Se quedaron paralizados por el miedo, hasta que el chico reaccionó y sacando a Anja de su estupor se alejaron de allí llevándose al bebé con ellos.

Andaban deprisa por los pasillos. Subieron a la primera planta intentando alejarse lo máximo posible de los gritos y alaridos que profería aquella persona desquiciada que habían dejado encerrada en la enfermería:

_ No soporto los gritos –dijo Anja.
_ ¿Quieres que subamos arriba del todo?
_ Da lo mismo lo escucharemos igual – cuando termino de decir aquello dejaron de oírse los gritos, ahora solo se oía una especie de lamento agónico.
_ ¿Qué le habrá pasado a W... a tu padre?


Ella no dió ninguna respuesta, se alejó un poco de J.D. llevando a su hermano en brazos. Se acerco a una de las ventanas del pasillo que daban al patio principal. Nuevas lágrimas resbalaban por su cara. Su madre había muerto a manos de su propio marido, su padre, y ellos estaban encerrados en aquel instituto, podían salir pero…. Mientras pensaba esto vió a su perro merodeando entre las mesas que estaban debajo del techado, abajo en el patio:

_ Joseph, mira.
_ ¿Es tu perro?
_ Es Kodak…
_ Atacó a tu padre, ¿no? Quizás tenga la rabia y se la a pegado a tu padre.
_ Mi padre estaba muerto cuando se cayó al suelo, Joseph. La rabia no resucita a los muertos – le contestó fríamente sin dejar de mirar a su perro merodear por el patio.
_ Debemos encontrar otro teléfono y volver a llamar a la comisaría – propuso él intentando desviar un poco la conversación.
_ ¿Servirá? – preguntó ella mirándole a los ojos.
_ Debe de funcionar, vamos – la cogió de la mano y se dirigió a la otra punta del largo pasillo.
_ ¿Dónde vamos?
_ Al despacho de Pershing. Tiene un teléfono allí.
_ Pero eso esta en el piso de abajo.
_ Lo se. Iremos por la otra escalera que además nos coge más cerca.

Llegaron al piso de abajo, siempre pendientes de los posibles ecos. No se oía nada y eso tampoco les tranquilizaba. Siguieron hacia el despacho del director, sin hacer ruidos y mirando a todas partes. Hasta que un nuevo sonido les heló la sangre. No era un quejido ni un murmullo y lo peor es que no provenía en la dirección donde estaba la enfermería si no en la dirección a la que se dirigían. No dieron un paso más. J.D. miro a Anja y vió en ella reflejada el terror que sentía, aferraba fuertemente a su hermano contra su cuerpo. Parecía que Mike se había dormido. El chico sacó las llaves del instituto que ahora las llevaba él y abrió el aula que tenían más cercana. Entraron y cerraron la puerta rápidamente y luego se alejaron lo más que pudieron de ella:

_ Maldita sea – maldijo J.D. por lo bajo.
_ Ha conseguido salir.
_ No lo se. La puerta parecía fuerte y la ventana era muy pequeña para que saliera.
_ Pero puede que la halla derribado, ¿no?
_ Habríamos oido el ruido que habría hecho.
_ Tienes razón.

Los dos estuvieron un buen rato callados y agachados tras las mesa del profesor, mirando el cristal de la puerta. No verían nada, estaba demasiado oscuro fuera, pero no podían dejar de mirar. Al poco tiempo comenzaron a oir otro nuevo sonido. Sonaba como si muchas cosas duras se clavasen en una pared y además lo hacia a un ritmo muy lento pero continuo. De repente sintieron esos mismos golpes en la pared de la clase que daba al pasillo. Lentos y firmes. Miraban la pared y podían notar cierta vibración en ella. Dejó de notarse la vibración en la pared pero ahora podían oir un nuevo sonido en el pasillo. Fuera lo que fuese parecían como si alguien arañase el suelo con cuchillas. El ruido cesó a la altura de la puerta. Ahora podían oir claramente una pequeña respiración, como un susurro pero era muy largo y siseante. No veían a nadie a través del cristal pero había algo pegado a la puerta, respirando. Tras unos segundos interminables volvieron a escuchar el mismo sonido alejándose.

Estuvieron petrificados tras aquella mesa durante una hora. No dijeron nada, no movieron un músculo, estaban aterrorizados. Pero debían de salir de allí e ir al despacho del director para pedir ayuda. Se dirigieron hacia la otra puerta de la clase, estuvieron un rato cerca de ella intentando escuchar cualquier cosa y al no oir nada decidieron salir. Lentamente J.D. abrió la puerta y se asomó, estaba sudando aunque hacia bastante frío. La siguió Anja, cargada aun con su pequeño hermano. Llegaron al despacho rápida y silenciosamente, abrieron con el mismo cuidado la puerta y se encerraron dentro:

_ Esta puerta es más dura que las otras y no tiene ventana. Aquí estaremos más seguros.
_ Estaremos más seguros cuando estemos en la comisaría o en cualquier otro lugar de esta ciudad – dijo Anja cansada mientras dejaba a Mike en el sillón del director.
_ Voy a llamar – informó J.D. - cogió el teléfono y marcó el número de emergencias pero nadie recogía la llamada – Nada. Sigue igual.
_ Llama a cualquier otro sitio.
_ Llamaré a mi casa – tecleó el número y esperó, al segundo tono se lo cogieron.
_ ¿Diga? - dijo una voz de mujer.
_ ¡Mamá! Soy yo, estoy en el instituto…
_ ¡¿Qué coño haces allí, Joseph?! - le espetó su madre.
_ Escucha, escucha. Tienes que llamar a la policía.
_ ¿Y eso? ¿Qué has hecho esta vez?
_ Nada, joder hazlo.
_ Mira no estoy para tus bromas ¿Dónde estas? Deberías de estar aquí. Os vais por ahí y ni siquiera decís cuando os dignareis a volver.
_ ¿No está papá ahí?
_ No – dijo con asco – Se habrá ido a algún bar a celebrar la victoria de su equipo, yo que sé.
_ Bueno, llama a la policía, ¿quieres?
_ ¿Qué tramas?
_ ¡Nada!
_ Mira, hijo, dime lo que pasa, ¿entendido?

Joseph comenzó a contarle la historia pero a la mitad…

_ ¿Y esperas que me crea esa mierda? No te pienso comprar más videojuegos de esos violentos, te están afectando demasiado.
_ Pero es…
_ Que si, que sí. Ven para acá de inmediato y déjate de rollos. – y colgó.

El chico se quedó atónito, mirando el auricular del aparato totalmente incrédulo:

_ ¡Esta tía es una…! – a punto estuvo de tirar el teléfono pero Anja le detuvo.
_ ¿Qué a pasado?
_ Nada. Que a mi madre le importo una mierda. Aunque no es ninguna novedad.
_ ¿Y tu padre?
_ Ese estará por ahí, celebrando el partido - dijo señalando una radio que había en una estantería. – Eso es. Vamos a poner la radio. Pueden que digan algo de lo de esta tarde en el parque y estén buscando por aquí cerca. – se acercó al aparato y lo encendió.
_ …..a escuchar la canción –empezó a sonar una música a través de la radio.
_ Ya esta, llamaré a la R.R.C. – dijo J.D.
_ ¿Para qué?
_ Para que nos ayuden. Pueden llamar a la policía o directamente avisar usando la emisora; ¿no crees? Así seguro que viene alguien.
_ De acuerdo, llámales ¿Pero te sabes el número?
_ Bueno….
_ ….. el número es el 555 403 403 – dijo una voz de mujer por la radio.

El chico sonrió señalando el pequeño aparato. Iba hacia el teléfono pero antes de llegar unas garras enormes atravesaron la puerta por la parte de abajo alcanzándole en la pierna. El muchacho dio un alarido y cayó al suelo. Anja, rápidamente lo alejó agarrándole por las axilas y arrastrándole hasta una esquina. El pequeño Mike se había despertado de golpe, su hermana lo agarró y se puso al lado de Joseph mientras veían como aquellas garras volvían a empotrarse en la puerta astillándola aún más y rompiéndola. El boquete cada vez era mayor. Anja en un intento desesperado dejó a Mike junto a J.D. y fue a coger el extintor que había cerca de ellos. Apuntó a la puerta y disparó el chorro de nitrógeno, al instante oyeron un alarido. No era un sonido humano. Oyeron rápidos movimientos, como si montones de objetos afilados arañasen el suelo.

El contenido del extintor se acababa dándole menos potencia a cada momento. Cuando se acabó dejaron de oírse los ruidos:

_ ¡Llama deprisa, Joseph! – inquirió ella que aún sostenía el extintor en brazos.

El chico jadeante y dolorido hizo un esfuerzo y se puso medio en pie, se acercó hasta la mesa y agarró el teléfono. Cuando lo tuvo en sus manos se dejó caer otra vez hasta el suelo. Recostado contra la mesa comenzó a marcar los números mientras el pequeño Mike lo miraba sentado al lado suyo:

_ Emisora RRC…. – contestó una mujer con voz monocorde y rutinaria.
_ Oiga, oiga, me llamo Joseph, estoy en el instituto Road Street….
_ Bueno ¿qué quiere? Este teléfono es pa…
_ ¡Perdone, perdone es que no se a quien llamar! – replicó Joseph cansado.
_ Pues llama a la policía si te pasa algo malo.
_ ¡No cogen el teléfono! ¡Dios!... – colgó cuando vio como una figura se acercaba al agujero que había ahora en la puerta.
_ ¡Anja aléjate de la puerta! – le gritó pero no le dió tiempo a decirle nada más.

Aquel ser extraño atravesó la puerta por el agujero y se abalanzó sobre la mesa empotrándola contra la pared. Joseph comenzó a arrastrase a toda velocidad hacia la puerta rota, salió por el agujero y continuó arrastrándose un rato. De repente se detuvo, Anja y Mike seguían dentro. Se puso boca arriba y miro a través del enorme orificio y pudo contemplar con horror que aquel monstruo había apresado a la chica entre él y la mesa. No podía verla bien pero ella no parecía moverse mucho.

Al ver la escena, Joseph reaccionó, se puso en pie mientras la sangre manaba de su pierna herida. Y se dirigió a la carrera dentro de la habitación, a medio camino vió el extintor en el suelo, lo agarró y golpeo en la cabeza a aquella horrenda criatura. El monstruo cayó a un lado soltando a su presa comenzó a revolverse en el suelo pero Joseph no paró de darle golpes con el extintor vacío. Estaba fuera de si, no paraba de apalearle con el objeto metálico. Aquella cosa se revolvía también enrabietada y lanzaba alaridos y cuchilladas al aire, hería al muchacho pero éste no dejó de golpearle. Hasta que una de los sablazos le alcanzó en la pierna sana y cayó al suelo.

Estaban los dos tumbados boca arriba, uno frente al otro, cubiertos de sangre, ajena y propia. El chico comenzó a arrastrarse pasando por el lado de aquella criatura, observándola mientras se deslizaba a su lado. Era un bicho horrible y deforme, su forma parecía humana pero no su aspecto; no era más grade que él mismo y su piel era de color rojizo, le salían garras enormes de manos y pies y su cabeza era completamente deforme. Parecía como si tuviese el cerebro por fuera, no tenía ojos y de su boca llena de afilados dientes salía una lengua viscosa y puntiaguda que le hacía sisear. Entonces vio algo brillando en el suelo, era un abre cartas, se arrastró hasta él y lo cogió con ambas manos. Volvió a arrastrarse hasta el monstruo y se puso a la altura de su cabeza:

_ Mira, yo también tengo un cuchillo – le dijo a la criatura y acto seguido le clavó con todas sus fuerzas el abre cartas en la cabeza atravesándosela. Aquel ser comenzó a retorcerse y a gritar como nunca lo había hecho antes, sus garras intentaban agarrar a su agresor. Hirió de nuevo a Joseph que se alejó rodando fuera de su alcance. En pocos segundos dejó de moverse. Parecía muerto pero no se fiaba que ocurriera lo mismo que con “Willy” y resucitase.

Fue en ese momento cuando se acordó de Anja y miró por encima del cadáver del monstruo. Ella estaba tumbada en el suelo medio escondida detrás del escritorio que estaba contra la pared. El chico comenzó de nuevo a moverse por el suelo, con mucho esfuerzo y dolor. Las lágrimas arrasaban sus ojos, se temía lo peor. Al llegar a la altura de ella comprobó que sus peores temores eran ciertos. Estaba muerta. Le habían atravesado la cabeza de lado a lado a través de su ojo izquierdo y también tenia varios cortes en el cuello, los hombros y los brazos. Extrañamente la expresión de su cara era tranquila. El muchacho impotente se puso a llorar sin tan siquiera poder tocarla, no se atrevía.

Pasó un buen rato tirado boca abajo, mal herido y sangrando. No tenía ganas de nada, solo de dejarse morir, cada vez le dolía más. Entonces una pequeña mano le tocó la cabeza. Él se asusto y se echó un poco hacía atrás como pudo. Era Mike, el pequeño hermano de Anja, estaba ileso. Joseph sonrió durante un instante. Se incorporó como pudo y se apoyó contra una estantería:

_ Ven aquí, Mike – le dijo al niño mientras se lo indicaba con las manos.

El pequeño obedeció y se acercó hasta él. Lo puso en su regazo aunque le dolía. La imagen era extraña pues el pequeño estaba tranquilo aunque tenía las manos y su ropita manchadas de sangre. Parecía realmente ajeno a todo aquel horror:

_ Que suerte tienes tío. Ojala yo pudiera estar tan tranquilo como tú.

Joseph estaba cansado, muy cansado, cerró los ojos mientras Mike se movía encima suya, ya no le dolían las heridas, estaba realmente exhausto.

Al poco tiempo Mike se aburrió de estar sentado en aquella posición y se zafó con facilidad de la mano que le sostenía por la cintura. Comenzó a gatear por la habitación y se acercó a la destrozada puerta. Miraba el pasillo oscuro y salió fuera de allí pasando por el gran boquete. Se sentó en medio del pasillo en la penumbra y mirando en dirección a la puerta comenzó a dar palmas y a dar pequeños grititos intentando llamar la atención de los que estaban dentro. Pero al ver que no había reacción, comenzó a mirar a su alrededor y al no ver nada ni a nadie, empezó a sollozar un poco. Los lloros del pequeño retumbaban en los pasillos, no eran fuertes pero aquel silencio los potenciaba en la oscuridad. Hasta que otro sonido sustituyó los llantos del niño. No era un quejido ni un murmullo era como una pequeña respiración, como un susurro pero era muy largo y siseante.

- FIN -
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Notapor Ulyses » 20 Jul 2007 11:56

Y queda la tercera. Es la más corta (9 páginas).

- SEGUNDA OPORTUNIDAD –


No podía dejar de temblar y de mirar a la puerta. Llevaba en aquel estado casi una hora pero a ella le parecieron días. Ya era de noche, lo cual tampoco ayudaba mucho a mejorar su estado de ánimo ni sus intenciones de salir de aquella habitación.

Hacía bastante tiempo que habían cesado los golpes, los ruidos estrepitosos y los gritos pero ella seguía esperando que tarde o temprano la puerta fuera derribada y le tocase a ella. No ocurrió nada de todo eso. Al final comenzó a moverse lentamente en dirección a la puerta, siempre alerta ante cualquier mínimo cambio o sonido.

No podía ni imaginarse que el día que empezó tan bien fuese a tener un final tan horroroso. Un día tranquilo de instituto, salvo lo que pasó en los baños. Recordaba también como tuvo que hacer de mensajera para avisar a un amigo del novio de una amiga. Pero al llegar a casa, donde debería sentirse más segura, ocurrió el desastre.

Ya había llegado al lado de la puerta e intentó escuchar mejor pegando la oreja a la madera. Nada. Todo parecía en calma. Quitó el seguro y cuando fue a abrir el graznido de un cuervo la asustó. El animal estaba en la ventana y parecía que la observaba con unos extraños ojos rojos. No le dió más importancia y salió poco a poco fuera de la habitación. La luz del salón estaba encendida y también la de la cocina, reflejándose en una de las paredes entremezclándose con la iluminación de la habitación. Cuando por fin entró, pudo contemplar la magnitud del desastre: había multitud de cosas por el suelo, también una estantería volcada, sillas en el suelo, una de ellas rota en varios pedazos y la mesa de cristal hecha añicos. Algo le llamó la atención, se asustó al comprobar lo que era. Entre los restos de cristal había sangre. Además el rastro no se detenía ahí sino que se convertía en un macabro sendero que conducía a la puerta del rellano que estaba abierta. La terraza estaba también abierta creándose así una corriente de aire gélido.

Siguió el desagradable recorrido. Y tras llegar al umbral miró al pasillo. En la penumbra pudo distinguir un cuerpo, rápidamente encendió las luces del rellano y corrió hasta la persona que estaba en el suelo:

_ ¡¿Mamá, estás bien?! – preguntaba la chica con lagrimas en los ojos e intentando incorporar a la mujer.
_ Bmm??? Qui…
_ No digas nada. Vamos, te ayudaré a entrar en casa.

La arrastró como pudo dentro de la casa y tras dejarla tumbada en el sofá fue a cerrar la puerta:

_ ¿Se ha ido?

La mujer asintió mientras se llevaba una mano a la cabeza. Sangraba por un corte que tenía en el cuero cabelludo, además de otras contusiones en la cara:

_ Esta vez se ha terminado. No vamos a aguantar a ese hijo de p*ta ni un minuto más – dijo mientras mojaba una toalla en el fregadero de la cocina, que luego puso sobre la frente de su madre. Ella no notaba el dolor, parecía anestesiada.
_ Llamaré a la policía, te guste o no – dijo mientras cogía el teléfono de la cocina y marcaba los números - No contestan…. Vaya mierda – colgó con rabia y apagó la luz de aquella habitación.

Probó también llamando a emergencias pero nadie respondía:

_ Joder, ¿qué pasa hoy? Voy a bajar un momento a la farmacia de aquí al lado y pediré allí que venga alguien o que llamen a alguien, ¿vale? – su madre volvió a asentir, estaba como ausente mirándose las manos ensangrentadas.

No quería dejarla en ese estado pero debía hacer algo, y ya que parecía que nadie iba a atenderlas decidió que era hora de actuar. Mientras pensaba en tomar una resolución volvió a oir el graznido de cuervo. Esta vez estaba en el balcón pero no estaba solo, ahora eran tres los pájaros que parecían curiosear afuera. Se acercó a la puerta de cristal de la terraza y la cerró echando después las cortinas. Sintió un escalofrío al dar media vuelta, ella lo atribuyo al frío.

Mientras bajaba por el ascensor se frotaba aún los antebrazos con las manos recordando la mirada esmeralda de aquellos animales pero pronto lo olvidó mientras intentaba recordar dónde estaba exactamente la farmacia. Sabía que cerca de casa había una pero no recordaba el lugar exacto. Al salir a la calle descubrió una cosa muy extraña: no había nadie, ni se oían los típicos sonidos de los coches que siempre estaban arriba y abajo con su incesante ruido. Eran sólo las ocho y media de la tarde y aunque ya había oscurecido no era motivo para aquella quietud. Por fin recordó donde estaba la dichosa botica y se dirigió en la dirección que creía la correcta.

Al doblar la esquina se encontró con algo inesperado; un autobús estaba empotrado contra una pared y medio quemado. No había nadie en su interior, parecía que el accidente había ocurrido hacía varias horas. Al acercarse al vehículo comenzó a escuchar un murmullo. No podía identificar de donde venía el sonido. Busco alrededor del siniestro y al final encontró la fuente de aquel susurro. Era una mujer que estaba aplastada bajo la enorme masa de metal. Le asomaba tan sólo medio cuerpo y parecía forcejear para intentar liberarse:

_ ¿Señora? – preguntó mientras se acercaba despacio a ella – ¿Esta usted bien? – era obvio que no, pero no sabía que decir.

La mujer atrapada ignoraba las palabras de la chica y seguía intentando salir de debajo. Cuando estuvieron muy cerca la una de la otra, la accidentada clavó su mirada en la chica. Tenia el rostro medio carbonizado y uno de sus ojos era sólo una pulpa blanquecina:

_ ¡OH, joder! – la muchacha se retiró llevándose una mano a la boca.

La respuesta de la mujer a esta reacción fue alargar sus brazos intentando, en vano, agarrar a su “rescatadora”. Viendo que la situación podía empeorar si se acercaba, optó por dar media vuelta y salir aprisa de allí, pero al dar un par de pasos se tropezó con otra persona cayendo los dos al suelo. Al levantar la vista vió que se trataba del conductor del autobús. Le costaba ponerse en pie, no como a ella que rápidamente se incorporó y pudo comprobar que el hombre también estaba gravemente herido, de hecho, por las heridas que presentaba debería de estar muerto; tenía el rostro destrozado faltándole la mandíbula, la lengua colgaba medio carbonizada al igual que sus ropas. Intentaba incorporarse pero no podía, parecía tener algo roto ya que al moverse nerviosamente se oían crujidos secos en el cuerpo de aquel hombre.

La muchacha salió corriendo de allí. Quería volver a su casa y encerrarse en ella para no salir nunca más. Aquellas visiones horribles le habían llevado a pensar que lo que había ocurrido aquella tarde en su casa sólo había sido el comienzo de una pesadilla.

Volvió a doblar la misma esquina y esta vez fue interceptada por alguien. Intentaba revolverse para zafarse de quien fuera:

_ ¡Ey, Ey, Karine! Soy yo, papá. – al oir esto comenzó de nuevo su lucha por liberarse – Tranquila, ya te suelto.
_ ¿Qué haces aquí? – le pregunto asustada.

Él no sabía que contestar, se rascó la cabeza mirando en otra dirección, buscando algo que decir:

_ Bueno… veras…. Me fui al bar pero estaba cerrado… no se por qué lo habrán cerrado hoy… mira…
_ ¿A qué has venido? ¿A rematar tu proeza? – dijo alejándose un poco de él.
_ Lo que ha pasado esta tarde…
_ ¿Encima te vas a explicar? –preguntó harta.
_ ¡Mira niña! – dijo cambiando su actitud – ¡A ti no te tengo que explicar nada, ¿entiendes?! – lanzó señalándola con el dedo.

Ella lo esquivó mirando al suelo y acelerando el paso pero él la agarró con fuerza del brazo:

_ ¿Sabes? Las dos me sacais de quicio – dijo mientras se apuntaba con el dedo su propia sien nerviosamente. Entonces vió que llevaba la mano envuelta en un pañuelo que estaba manchado de sangre, pensó que se habría hecho una herida en la pelea que tuvo con su madre. Utilizando toda su fuerza se soltó de él casi cayéndose al suelo en el intento. - ¿A dónde vas?

Al preguntarle esto recordó lo que acababa de vivir con horror y comenzó a correr de nuevo hacia el portal de su casa. Pero su padre logró alcanzarla antes de llegar al portal:

_ No huyas de mí.
_ Déjame. Suéltame. – pero esta vez no podía soltarse de su presa.
_ No, Karine. Quiero que me escuches. Lo que ha ocurrido hoy… con tu madre….
_ Ya te he dicho que no quiero… - la muchacha se quedó sin habla cuando vió aparecer por la esquina un grupo de individuos. Esto no tendría ninguna importancia si no fuera porque todos ellos mostraban un aspecto similar a las dos “personas” que había encontrado cerca del autobús siniestrado. El nerviosismo se apoderó de Karine intentando desengancharse de su padre, pero éste la agarraba con fuerza:

_ ¡Estate quieta y escúchame! – exclamó dándole un bofetón.
_ ¡Déjame en paz, imbécil!

Tras decir esto y con lágrimas en los ojos le pegó una patada en la entrepierna. El hombre cayó al suelo llevándose las manos al lugar donde había recibido el impacto. Ahora la chica no sabía que hacer, estaba petrificada al ver como se acercaban a ellos aquellas abominaciones demacradas. Su paso era lento pero constante y estaba claro que los habían visto. Podía huir pero no quería dejar a su padre a merced de aquellas gentes. Al final decidió ayudarle. Lo agarró por los hombros y le obligó a incorporarse:

_ ¡¿Qué haces?! ¿Primero me haces esto y ahora quieres ayudarme?
_ Supongo que habré salido a mi padre… - dijo ella por lo bajo – Mira detrás de ti y sabrás por qué.

Se giró como pudo y contempló la amenaza que crecía a sus espaldas. No podía articular palabra, estaba demasiado aturdido por el golpe y por la dantesca imagen que tenían frente a ellos:

_ ¿Qué es esto? ¿Halloween?
_ ¡Corre! Ya no nos da tiempo de entrar en el edificio.

Doblaron la esquina y continuaron corriendo hasta poder ocultarse tras unos contenedores. Los dos se agacharon tras ellos y observaron durante un rato la esquina por la que acababan de pasar. Al cabo de un rato comenzaron a aparecer aquellas criaturas. Parecían ausentes y sin rumbo aparente. Habría por lo menos una decena de ellos, caminando sin sentido, mirando a todas partes o al suelo:

_ ¿Quiénes son?
_ No lo sé. Antes ya me había encontrado con dos como ellos.
_ Bueno, mira. Lo que tenemos que hacer es llamar a la policía. Ellos sabrán que hacer. Tiene que haber una cabina por aquí cerca, ¿no crees? Además hay que ir a por tu madre no podemos dejarla sola ahora – se incorporó un poco y empezó a moverse en dirección opuesta a donde se encontraba la gente.

Karine no le siguió, no tenías ganas de acompañar a aquel hombre, prefería estar sola:

_ ¿Qué haces? Vamos.
_ ¿Por qué…?
_ ¿Qué dices?
_ ¿Por qué te comportas así?
_ ¿Ahora quieres oir mis razones?
_ No, no quiero escuchar tus motivos de lo que ha pasado esta tarde, para eso no hay excusas que valgan. Lo que quiero saber es por qué sigues atormentando a mamá con tus cambios de humor. Ahora ibas para casa para pedirle perdón, ¿verdad? Y sabes que ella te perdonaría aunque le hubieses partido un brazo. Mamá es débil porque… aún te quiere, pero tú no. Eso ya se ve….
_ Claro que…
_ ¡Y una mierda! ¿Dónde esta tu amor por ella cuando la has empujado contra la mesa? Os he oido perfectamente esta tarde. Estaba en mi habitación – esta revelación no la sabía su padre el cual se quedo paralizado al saberlo.
_ Karine…. Yo…. Tienes razón. Se que hice mal y quiero…. Quiero a tu madre pero a veces no puedo controlarme y pierdo los papeles.
_ No es ninguna justificación – decía ella sentándose pesadamente tras los contenedores. Él se acerco hasta ella y le dijo:

_ Perdóname, Karine. No volverá a pasar nada de esto. Dadme una segunda oportunidad…. Las dos.

La muchacha estaba confundida ¿Cómo una persona podía ser tan radicalmente distinta? ¿Cómo podía comportarse como el peor de los monstruos y después parecer una bella persona?

Se levantó asqueada de sus propios pensamientos y reteniendo las lágrimas siguió a su padre para buscar un teléfono. No se alejaron mucho de allí cuando encontraron la primera cabina:

_ Aquí la tenemos. Vamos a….

Se detuvo ante la puerta al ver un extraño bulto en el interior de la cabina. No podían precisar bien que era pero se estaba moviendo. Se acercaron más y cuando estuvieron casi pegados al cristal un salpicón de sangre mancho el interior del cubículo. Se retiraron rápidamente hasta ocultarse de nuevo tras un coche:

_ Parece que no tenemos suerte. El próximo teléfono esta aún más lejos. Creo que lo mejor que podemos hacer es regresar a casa y llamar desde allí ¿Vale?

Su hija asintió poco convencida. No le hacía gracia volver atrás, con aquellas personas dando vueltas por allí pero lo que menos le gustaba es que volviera su padre a casa para encontrarse con su madre. Aún así llegaron rápidamente al punto de partida de aquella extraña búsqueda, sin incidentes. Además, no había nadie por los alrededores del edificio.

Se disponían a entrar, cuando vieron y sintieron una gran explosión no muy lejos de allí. Los dos observaron en medio de la calzada la gran llamarada que iluminaba grotescamente la noche:

_ Aquello es…
_ La comisaría de Racoon… - terminó de decir el hombre. – Ya no tiene sentido llamar a la policía si es lo que tememos.
_ Puede ser otra cosa o…
_ Pero ha ocurrido muy cerca de ella, así que dudo que vayan a atender ahora a nadie por teléfono.

Las luces de la calle se habían apagado tras la explosión, dejando el lugar aún más en penumbra. Siguieron observando el incendio que cada vez perdía más fuerza, entonces sintieron algo a sus espaldas. No hubo reacción posible cuando un hombre se abalanzó sobre Karine tirándola al suelo. Su agresor se lanzó a por ella intentado morderle en los brazos. Pero fue derribado por el padre de la chica, dándole una patada en las costillas:

_ ¡Deja a mi hija en paz hijo de….! ¿Steven?
_ ¿Quién es? – le preguntó ella mientras se ponía en pie.
_ Es el vecino del primero: Steven Pooples. Pero está…
_ Como los otros…

Efectivamente, su vecino también presentaba una gran cantidad de heridas por todo su cuerpo y estaba empapado en su propia sangre. Un lastimero quejido proveniente de aquel demacrado cuerpo acabó de confirmarlo. Era su voz:

_ Marchémonos de aquí – propuso la chica dirigiéndose de espaldas hacia la puerta del edificio.

Poco a poco fueron alejándose de su vecino. Éste se incorporaba a duras penas y comenzaba a mirar a todas partes. Pero con aquella oscuridad apenas les vería y continuó su andadura por la calle olvidándose de ellos.

Dentro del edificio, creyéndose por fin a salvo, descansaron un poco en el hall sentándose en las escaleras. No parecía haber tampoco electricidad dentro del edificio, así que tendrían que subir andando hasta su casa. Cuando se disponían a subir y al apoyar las manos en un escalón para ponerse en marcha, notaron que estaba pringoso. Él sacó un mechero del bolsillo y lo encendió para poder ver mejor. Era una gran mancha de sangre de un intenso color rojo oscuro. Karine se hecho para un lado mientras se controlaba para no vomitar. Al hacerlo pudo ver por la escasa luz del encendedor, que el reguero llegaba hasta la puerta que daba a la calle. El cristal estaba también manchado con marcas de manos ensangrentadas. El terror se apoderó de ella pegándose a una pared, sin poder dejar de mirar aquellas manchas sobre el vidrio. Su padre al verla en ese estado se acercó hasta ella. Ésta se abalanzó sobre él abrazándolo cuando estuvo a su lado, estaba aterrada como no lo había estado hasta entonces:

_ Vamos a subir, seguro que tu madre estará per…. – no acabó la frase y Karine reponiéndose de golpe se separaría de su padre algo molesta.
_ Subamos –dijo ella secamente.

Vivian en el tercero, así que llegaron en un momento, aunque subían muy despacio intentando percibir cualquier pequeño ruido. Sus ojos ya se habían acostumbrado a aquella oscuridad por lo que avanzaban sin la luz del encendedor. Pero lo volvieron a utilizar para mirar a través de la puerta abierta del ascensor. No estaba allí el aparato. Se acercaron hasta la puerta de su vivienda, para comprobar incrédulos que también estaba abierta. Entraron despacio mirando al suelo en el cual había también manchas de sangre:

_ ¿Mamá? ¿Estás bien? – la muchacha miraba las dos puertas abiertas que habían en ese rellano.
_ Miremos dentro primero… - decidió su padre viendo la preocupación de su hija.

Iba delante de ella iluminando el oscuro pasillo. Al llegar al salón lo encontraron aún más revuelto que antes. El hombre entró en la cocina y cuando volvió a salir llevaba dos velas encendidas en una mano. Le dio una a su hija y los dos comenzaron a investigar con más luz el lugar.

Aparte de los destrozos anteriores, ahora también estaba la puerta de cristal del balcón rota y la cortina estaba medio desenganchada, moviéndose a merced de una ligera y fría brisa. Allí donde vió por última vez tumbada a su madre habían ahora unas manchas de sangre. Karine no pudo soportar más el bombardeo de ideas funestas que pasaban por su cabeza y cayó de rodillas al suelo dejando escapar la vela que rodó por el pasillo iluminándolo a su paso. Comenzó a llorar en silencio mientras su padre miraba en todas las habitaciones y llamaba a su mujer con un tono de ansiedad en su voz. Aquella situación la desbordaba: su padre, el cual le había pegado una paliza a su madre, ahora la buscaba con preocupación entre manchas de sangre. Pero estas ideas fueron expulsadas de su mente cuando escuchó un sonido que ya había oido antes. El graznido de un cuervo. Comenzó a incorporarse poco a poco girándose en la dirección en que venía aquel espantoso ruido. Su padre también se acerco hasta ella con las dos velas en las manos. Los dos miraron sin habla la lámpara del salón, en ella estaba posado un cuervo que los observaba con sus ojos carmesí:

_ Ha sido él. – sentenció Karine.
_ ¿Ese pajarraco?
_ Sí, estoy segura.
_ Pero un solo bicho de estos no puede hacer este destrozo.
_ Tú ya pusiste tu granito de arena.

Él la miró a ella un poco contrariado por la respuesta de su hija, pero no dijo nada más:

_ Puede que tu madre este fuera, en casa de algún vecino.
_ Puede ser – decían mientras seguían observando el ave.
_ Retrocedamos despacio y salgamos de aquí, ¿vale?

Comenzaron a andar pero sin darle la espalda al cuervo, al que seguían mirando de reojo. Entonces el animal comenzaría a batir sus alas frenéticamente y a graznar sin parar. El ruido era ensordecedor pero no apretaron el paso. Cuando estuvieron en el pasillo aumentaron la velocidad para salir rápido de allí, en aquel momento entraron en la casa decenas de cuervos acompañados de sus graznidos. Se abalanzaban sobre todas las cosas en la casa llegando a donde estaban ellos. Se defendían como podían, usando las velas para ahuyentar a aquellas bestias voladoras pero al final, con tanto movimiento y aleteos, se apagaron y corriendo en la oscuridad, bajo aquel asedio, lograron salir de la casa cerrando la puerta tras ellos. Todos los cuervos se quedaron encerrados. Se podían escuchar los arañazos y golpes que propinaban en el interior.

Estaban exaltados por aquella huida. Karine se apoyaba en sus piernas por la fatiga mientras su padre descansaba con una mano sobre la pared. Sus respiraciones retumbaban en aquel rellano:

_ Miraremos a ver si esta en casa de alguien…. – dijo él entrecortadamente.

Pero antes de poder ponerse en marcha sintió un fuerte dolor en el brazo que usaba para apoyarse. Era un fuerte mordisco. Consiguió soltarse como pudo dando un gran alarido, su agresor le había arrancado un gran pedazo de piel y carne. Se miraba su brazo destrozado mientras aún profería gritos apagados. Entonces vió frente a él a su mujer, llevando aún en la boca la carne que le había arrancado del brazo. Estaba gravemente herida. Además de los golpes anteriores ahora también mostraba diversas pequeñas heridas por todo el cuerpo pero la peor de todas ellas estaba en las cuencas vacías de sus ojos. Quedaba claro que había sufrido el brutal ataque de aquellos pájaros malditos:

_ ¿Sophie? – por respuesta recibió un nuevo ataque sobre él. – ¡Karine, ayúdame! – pero la chica no se movía de donde estaba, no conseguía reaccionar.

Viendo como se ponían las cosas optó por defenderse él solo y comenzó a golpearla fuertemente, pero a diferencia de otras veces, ella no retrocedía, abalanzándose aún con más furia. Volvió a morderle, ahora en la otra mano, él no conseguía quitársela de encima, le daba patadas y golpes con su brazo herido mientras gritaba desesperadamente pero su mujer no soltaba la presa. Intentaba zafarse de los bocados que le profería por los brazos. Pudo deshacerse de ella lanzándola contra una pared. Karine, en un acto reflejo, quiso acercarse a su madre y ayudarla a ponerse en pie. Cuántas veces había presenciado esas mismas peleas en su casa sin poder hacer nada al respecto, igual que ahora. Antes de que pudiera aproximarse demasiado a su madre, ésta se puso en pie como un resorte y salió disparada en dirección a su marido. Él no pudo reaccionar a tiempo y con el impulso cayeron los dos por el hueco del ascensor. Los gritos de los dos se oían mientras bajaban y después, un ruido sordo, habían llegado al final del trayecto.

Karine, tambaleándose y apoyándose en el marco de la puerta que daba a aquel agujero negro, miro al vacío, intentando atravesar las tinieblas que en él habían y ver a sus padres. También pudo comprobar que habrían caído hasta el fondo pues la cabina del ascensor estaba justo por encima de aquel piso… Seguramente se habrían matado en la caída. Se apoyó en una pared, al lado de aquella abertura, sollozando en silencio. No sabía que hacer ahora. Sus padres habían muerto y las calles estaban infestadas de zombis. Sí, debían de ser eso, ¿qué otra cosa podían ser? Recordaba un videojuego que tenía un primo suyo en el que salían aquellos seres. Era sólo un juego, no era la realidad que ella estaba viviendo ahora.



Un leve ruido la despertó de su sueño. Se había quedado dormida después de todo aquel horror. El sonido en cuestión venía del hueco del ascensor. Se acerco gateando hasta él y volvió a mirar en la oscuridad. Aquel eco venía desde el negro fondo, era un gemido, un alarido, sin duda se trataba de una persona:

_ ¡¿Papá? ¿Mamá?!

No esperó ninguna respuesta. Se puso en pie y corrió escaleras abajo para llegar hasta el hall de entrada al edificio. Al pisar los últimos escalones resbalaría con la sangre que en ellos había cayéndose al suelo. Se había torcido un tobillo. Le dolía a rabiar pero aún así se puso rápidamente en pie. Intentó entonces abrir la puerta pero no lo conseguía. La golpeó varias veces usando su propio cuerpo. Al final después de muchos golpes consiguió que cediera a sus intentos dejando un pequeño hueco para introducir las manos. Cuando por fin pudo entreabrir lo suficiente, se asomó para poder mirar mejor el fondo. Apenas podía distinguirse nada pero se oían perfectamente dos voces. Sus padres estaban vivos. Pero cuando su visión se acostumbró a aquella oscuridad contempló algo que la hizo vomitar: estaban los dos tirados en el fondo de aquel hueco: su madre estaba sobre su padre y le estaba devorando las entrañas, llenándose la boca de vísceras sanguinolentas, mientras tanto él agitaba los brazos y farfullaba ininteligiblemente, no parecía dolerle lo que su mujer le estaba haciendo. Karine retrocedió a toda prisa pero su cojera hizo que cayese de espaldas al suelo. Sin llegar a incorporarse comenzó a recular hasta toparse con la puerta de cristal que daba a la calle. Se limpió el vomito de la comisura de los labios y se incorporó lentamente. Ya no lloraba, no quedaban lágrimas para nadie. Salió afuera, a la calle que tanto había temido horas antes. Cojeaba mientras observaba embobada el asfalto. Cuando levantó la vista vió frente a ella el fin de todo aquello. Delante suyo había una gigantesca muchedumbre. Centenares de aquellos zombis caminaban en su dirección. Harta ya de todo aquello esperó sin miedo que llegasen donde estaba. Iba a morir, le daba igual, demasiado sufrimiento, demasiadas muertes, demasiado cansada……

Una luz detrás suya le saco de sus funestos planes. Se giró cubriéndose la cara con las manos del haz luminoso proyectado. No tuvo mucho tiempo para reaccionar ante la llegada de aquella motocicleta. Un chico joven la conducía temerariamente por las desoladas calles. Cuando estuvo a su altura derrapó girando ciento ochenta grados el vehículo:

_ ¡Vamos sube, rápido! – ella obedeció automáticamente y salieron chirriando rueda de aquel lugar.

Karine se abrazó fuerte a su rescatador mientras avanzaban rápidamente por las calles arrasadas por la creciente destrucción. Las lágrimas regresaron a sus ojos, estaba a salvo de aquel horror, tendría una segunda oportunidad.

- FIN -


Me quedan por hacer dos partes más por eso este final es un poco... de sopetón.
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Notapor Dragon Rapvida » 20 Jul 2007 15:47

Me gusta leer, me la he leido entera alas 11:30 pero no me di cuenta que no habia posteao :P me encanta tio
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Notapor willy_floro » 20 Jul 2007 19:47

dios mio.... para lo ke da el aburrimiento... GRAN currada... pero da la vara leer...xD
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Notapor Sand_Storm » 20 Jul 2007 20:59

[quote="willy_floro"]dios mio.... para lo ke da el aburrimiento... GRAN currada... pero da la vara leer...xD[/quote]

O puede que no sea aburrimiento xD yo escribo y porque me gusta [spoil]pero no lo voy a postear aqui xD [/spoil]:D
Ulises me ha gustado mucho esta muy bien aunque hay momentos en que se me ha hecho pesado xD :wink:

Salu2
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Notapor Ulyses » 21 Jul 2007 00:44

[quote="willy_floro"]dios mio.... para lo ke da el aburrimiento... GRAN currada... pero da la vara leer...xD[/quote]

Hay a quien le gusta pasarse 4 horas jugando a la consola y otras que prefieren estar dos a los mandos y otras dos al teclado.
Sand_Storm, que parte se te han hecho más pesadas, a ver si así mejoro. Y posteo estas historia porque tratan sobre temas de videojuegos, las "otras" historias que tengo no las vereis en la pantalla de un ordenador si no en papel :roll:.
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Notapor willy_floro » 21 Jul 2007 01:05

[quote="Ulyses"][quote="willy_floro"]dios mio.... para lo ke da el aburrimiento... GRAN currada... pero da la vara leer...xD[/quote]

Hay a quien le gusta pasarse 4 horas jugando a la consola y otras que prefieren estar dos a los mandos y otras dos al teclado.
Sand_Storm, que parte se te han hecho más pesadas, a ver si así mejoro. Y posteo estas historia porque tratan sobre temas de videojuegos, las "otras" historias que tengo no las vereis en la pantalla de un ordenador si no en papel :roll:.[/quote]


si, tienes toda la razon ;)
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Notapor Cjgaditano » 21 Jul 2007 01:16

MOLA, y sí tienes razón el final es de sopetón xD


Esperando me tienes para esas dos partes que nos debes
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Notapor Ulyses » 21 Jul 2007 09:50

Una preguntilla para los que se hayan atrevido a leerse las tres historias ¿Cual es la que más os a gustado?
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Notapor Dragon Rapvida » 21 Jul 2007 10:44

Me lei la mitad de la primera y pf no engancha lo siento, es que me lio mucho con los nombres nose ni quien hablaba,

-hablo biff
-hablo el adolescente
-hablo la de la radio

ya no se quien habla con quien xD
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Notapor Sand_Storm » 21 Jul 2007 10:59

[quote="Ulyses"][quote="willy_floro"]dios mio.... para lo ke da el aburrimiento... GRAN currada... pero da la vara leer...xD[/quote]

Hay a quien le gusta pasarse 4 horas jugando a la consola y otras que prefieren estar dos a los mandos y otras dos al teclado.
Sand_Storm, que parte se te han hecho más pesadas, a ver si así mejoro. Y posteo estas historia porque tratan sobre temas de videojuegos, las "otras" historias que tengo no las vereis en la pantalla de un ordenador si no en papel :roll:.[/quote]

Rectifico :D no se porque se me hizo lento el principio de la primera, y me lie un poco, pero nada dejalo asi que esta muy bien conectado y con buena competencia lingüistica (que raro suena eso xD)
Ah y la que mas me ha gustado creo que an sido la segunda y la primera... :roll: nose estan bien todas.
PD: Espero las partes que quedan :wink:

Salu2
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Notapor Ulyses » 22 Jul 2007 03:52

[quote="Dragon Rapvida"]Me lei la mitad de la primera y pf no engancha lo siento, es que me lio mucho con los nombres nose ni quien hablaba,

-hablo biff
-hablo el adolescente
-hablo la de la radio

ya no se quien habla con quien xD[/quote]

Sí, es una cosa que me pasaba hasta a mi escribiendolo. No sabía cómo solucionarlo :?. Cuando hay más de dos personajes a la vez.....
Pero, ¿Te has leído las otras dos? Están interconectadas pero se pueden leer por separado.
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Notapor Daxter » 22 Jul 2007 05:01

Uuuuuu que buenas las historias :D

Por ahora me he leido solo la primera jejeje :lol: al menos la que me he leido engancha mucho y es muy buena :wink: ademas leerla en tu habitacion solo con una tenue luz sin nada de sonido mas que el silencio a las 4-5 de la mañana esta muy bueno y un poco acojonante cuando a mitad de la historia estaba seco y me tube que levantar a beber agua a la cocina con todo el pasillo oscuro ... que me recordo al de la historia :oops:

:lol: enserio muy buenas, me leere las otras 2 y te digo pero no espero menos :D
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Notapor Zenix » 03 Ago 2007 00:35

Me las he leido (por fin xD) y joder tio, te las has currado muchisimo, sobretodo conectando las 3 con algunos detalles :wink:
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