Análisis | Vídeos | 13 NOV 2020

Análisis de Ary and the Secret of Seasons

Grandes aventuras os esperan en Ary and the Secret of Seasons, cuya protagonista cuenta con el poder de utilizar las estaciones para alterar el terreno que la rodea.
Cartel Ary and the Secret of SeasonsPlay

Ary and the Secret of Seasons es una aventura de plataformas tridimensional en la que nos toca explorar los escenarios y alterar las estaciones en cierto radio de acción para intentar avanzar por las diferentes situaciones que nos proponen. Desarrollado por eXiin y Fishing Cactus, con la colaboración de Modus Games para la distribución, estamos ante un juego cuyo planteamiento resulta sencillo, pero que ofrece mucha diversidad a lo largo de su desarrollo para hacer que en ningún momento se nos haya hecho pesado, con partes de acción, eploración, plataformeo e incluso puzles interesantes.

Su historia nos pone en el papel de Aryelle, quien es más conocida como Ary, una joven nada corriente e hija del Guardían del Invierno del reino de Valdi, Gwenn. Tras una serie de sucesos inesperados, a Ary le toca cargar con la responsabilidad de convertirse en la nueva Guardiana del Invierno con una organización tradicionalmente gobernada por hombres, comenzando a partir de este momento nuestra aventura por las cuatro regiones de Valdi para intentar restaurar con éxito las estaciones. Aquí descubriréis un mundo afectado por una antigua oscuridad, estando todos los movimientos de Ary supervisados por los guardianes de las estaciones.

Esta trama, aunque simple y por momentos algo predecible, resulta entretenida y está bien narrada, siendo ideal para ser disfrutada en familia con escenas bastante cuidadas. Los personajes son carismáticos y hay algunas sorpresas que hacen sea muy simpático y divertido, por lo que en ningún momento se nos ha hecho pesada. Se agradece además que, aunque su doblaje sea en inglés, los textos nos lleguen en castellano.

Sus mecánicas son muy accesibles, pudiendo movernos en cualquier dirección, correr, saltar, agacharnos, movernos con sigilo, conversar con los personajes que vemos por los escenarios, atacar, rodar para esquivar y bloquear para intentar contraatacar. Pero lo más interesante, sin duda alguna, son los poderes elementales que conseguimos a lo largo de la aventura, que nos permiten modificar aspectos del terreno para intentar resolver puzles bien planteados. Todos estos controles son explicados mediante tutoriales que, para ser sinceros, se nos han hecho un tanto pesados.

Lo bueno es que tras pasar un tramo inicial un tanto lento, la aventura va ganando fuerza, con grandes escenarios que siempre invitan a la exploración al esconder muchos secretos, zonas de plataformeo desafiantes y puzles interesantes que nos invitan a jugar con los poderes estacionales. Esto no ocurre con las batallas, que resultan demasiado sencillas y nos aburrirían en exceso si no fuera por un conjunto que acaba funcionando bastante bien. Básicamente se basan en atacar, esquivar y bloquear para contraatacar (con alguna excepción en la que podemos utilizar los poderes elementales), por lo que no le hubiera venido mal  un poco más de profundidad en este sentido. Y sí, también encontraréis algunos enfrentamientos contra jefes algo más interesantes, pero no esperéis nada demasiado destacable en este sentido.

La parte de plataformas está mucho mejor, con lugares hasta los que sólo podemos llegar tras estudiar una buena ruta y saltos que a veces requieren una precisión milimétrica. En este sentido también juegan un papel fundamental los escenarios al ser amplios y contar con montones de rutas diferentes a descubrir a lo largo de la aventura. Algunas de ellas no son accesibles en un primer momento, así que quizás os toque volver en un futuro y hacer uso de las nuevas habilidades de la protagonista.

Los poderes elementales le aportan mucha profundidad al juego a la hora de plantear situaciones interesantes y diferentes puzles. Estos poderes se obtienen mediante cristales cuyo radio de actuación es limitado, aunque permite cambiar el clima por completo y dar lugar a situaciones únicas. Por ejemplo, con el invierno, que es el primero que se consigue en el juego por motivos obvios, podemos congelar el agua e incluso crear bloques para trepar ciertas zonas. Hay que pensar muy bien donde activar dicha habilidad para poder sacarle provecho, encontrando incluso amplificadores que agrandan el rango de efecto y nos hacen jugar con su posición, con algunos que pueden envolver todo el lugar.

Todo esto hace que los puzles sean muy interesantes al plantear situaciones que realmente nos hacen pensar cómo deberíamos utilizar los cambios estacionales, los cuales por cierto no se pueden combinar entre sí en una misma superficie. Al principio son sencillitos, pero según vamos consiguiendo nuevas piedras elementales el juego gana profundidad y se vuelve más exigente. Para que todo esto funcione correctamente se toman algunas libertades, algo que puede chocar con su planteamiento, aunque es cierto que gracias a ellas todo funciona mejor, combinando de manera correcta las zonas de plataformeo con los rompecabezas y las físicas. Además, a lo largo del título conseguiréis alguna que otra herramienta que amplía sus posibilidades.

Todo esto pasa en el mundo exterior, pero también encontraréis desafiantes mazmorras que a veces ofrecen las partes más interesantes de todo el juego, planteando situaciones que, si bien no son las más originales que hayamos visto, saben jugar sus cartas con los cambios estacionales. Además, llegado el momento conseguimos una llave que nos lleva hasta el jefe del lugar y que anula los efectos de nuestros poderes para complicar un poco nuestro avance.

La duración de la aventura ronda las 12 horas, con algunos cofres y secretos ocultos por su mundo que amplían esta cifra, tales como tiendas en las que adquirir elementos cosméticos y otros útiles.

Su apartado gráfico tiene luces y sombras, algo lógico si consideramos que ha sido desarrollado con un bajo presupuesto. Por un lado tenemos personajes bien modelados y animados junto con escenarios amplios y variados, todo ello con un estilo colorido en cell shading que hace que entre rápidamente por los ojos. Por otro, hay texturas planas y con carga tardía, popping, caídas constantes de fotogramas que pueden afectar a la jugabilidad o algunas sombras dentadas. Estos problemas se acentúan notablemente en Nintendo Switch, sobre todo en lo que se refiere a rendimiento y distancia de dibujado. Al menos resulta muy llamativo ver los cambios estacionales que se producen al utilizar los poderes.

En el sonoro tenemos estupendas melodías para acompañar nuestras aventuras tanto a la hora de explorar como en los diálogos y la acción, un doblaje en inglés bastante decente para algunos momentos del viaje y textos en castellano que os ayudarán a comprender su funcionamiento e historia, aunque hay alguna que otra errata en la traducción.

Como conclusión, Ary and the Secret of Seasons ofrece un viaje divertido gracias un historia entretenida, con algunos personajes entrañables, y a la estupenda combinación que hace de exploración, plataformeo y puzles, siendo este último punto uno de los más destacados por el genial uso de los poderes estacionales. Las peleas, por otra parte, no están mal a pesar de que un poco más de profundidad habría hecho que el conjunto mejorara notablemente. No es un juego demasiado original, pero juega bien sus cartas para hacer que el desarrollo no se haga aburrido. Donde más flojea es en lo técnico, cosa que compensa levemente con la fantástica dirección artística.

Un título que, sin demasiadas pretensiones, sabrá haceros pasar un buen rato a poco que le déis una oportunidad, a pesar de faltarle un pulido general para convertirse en un mejor juego.

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