Análisis | Vídeos | 05 NOV 2019

Análisis de Citadel: Forged with Fire

Tags: PC Xbox One PS4
Viaja hasta el mundo encantado de Ignus para alcanzar el poder y la gloria en Citadel: Forged with Fire, el nuevo juego de Blue Isle Studios.
Cartel Citadel Forged with FirePlay

Citadel: Forged with Fire es un MMOPG que puede jugarse desde una perspectiva en primera o tecera persona, donde nos convertimos en un aspirante a mago capaz de lanzar hechizos, utilizar todo tipo de monturas y contruir grandes edificios. Nuestro objetivo no es otro que convertirnos en una leyenda dentro del juego, formando alianzas para crear nuestra propia casa y poco a poco llegar a ser toda una potencia.

Nada más comenzar nos toca crear al personaje que nos representa dentro del juego, seleccionando rasgos de su cabeza, cuerpo y los colores de cada parte. Se pueden crear todo tipo de personajes, aunque lo más destacado del juego es la personalización a través del equipamiento que vamos consiguiendo a lo largo de la aventura. A partir de aquí elegimos la zona donde queremos comenzar nuestro viaje, regenerándose nuestro protagonista en uno de los lugares disponibles.

Los controles funcionan bien en la versión de PC, donde nos desplazamos libremente por su mundo y podemos atacar, utilizar hechizos que requieren puntos de maná y necesitan un tiempo de recuperación, saltar sin que las caidas tengan consecuncias, conversar con otros personajes o recolectar multitud de objetos repartidos por su mundo entre otros. La interfaz, por otra parte, es bastante ágil, aunque no esperéis nada innovador en este sentido. Lo malo es que en la versión para consolas estas mecánicas no han sido adaptadas al mando, encontrando ciertos movimientos que no están activados si no pasamos antes por la configuración, un desplazamiento torpe por los menús que lo vuelve muy engorroso y un sistema de impactos que no funciona bien.

Esto hace que enfrentarnos cuerpo a cuerpo con las criaturas no sea la mejor opción, siendo al final lo ideal utilizar los hechizos a distancia. A todo ello tampoco ayuda un tutorial en el que se nos encomiendan misiones sin demasiadas explicaciones, donde sólo encontraréis unas runas que nos dan pequeños consejos. Eso sí, aquellos que estén acostumbrados a los MMO no tendrán demasiados problemas, ya que su funcionamiento es muy similar a lo visto en otros juegos del género, pero pecando de una sencillez que a lo largo de la aventura puede llegar a aburrir.

Lo que más nos ha gustado es que podemos elegir entre cuatro casas que nos permiten usar esencia para poder lanzar hechizos con un medidor de maná que se recupera con el tiempo u obteniendo más de los escenarios, utilizando cualquier tipo de arma para ello y teniendo cada casa sus propios efectos mágicos.

Al cumplir misiones, recolectar objetos y acabar con los enemigos obtenemos experiencia con la que poco a poco subir de nivel, dándonos entonces la opción de aumentar la salud del personaje, el daño, el maná o la capacidad de transporte. También ganamos puntos que podemos invertir en aprender ciertas disciplinas, aunque para tener acceso a muchas de ellas antes hay que alcanzar un determinado nivel. Es algo que nos ha molestado en un principio, ya que al ir subiendo de nivel sólo podemos aprender las cosas que el juego nos ofrezca, no dándonos la oportunidad de desarrollar al personaje como queramos hasta alcanzar ciertos mínimos.

El mundo del juego es enorme, con unos 36 kilómetros cuadrados llenos de bosques, vastas planicies, montañas, cuevas o ruinas entre muchos otros lugares. Es uno de los aspectos que más nos ha gustado de la aventura, estando cargado de criaturas y misiones a completar, siendo un verdadero placer recorrer cada uno de sus rincones en busca de nuevos secretos y objetos. Además, el juego incluye la posibilidad de crear todo tipo de equipamiento, otros elementos y estructuras para que podamos formar auténticas fortalezas que impidan la entrada de nuestros rivales. Es algo que os llevará bastante tiempo y la recolección de materiales puede cansar, si bien llegado el momento podréis formar grupos que se repartan las tareas.

Lo mejor es que podemos ir a pie, utilizar hechizos para volar, escobas mágicas o incluso criaturas, entre las que encontraréis algunas realmente poderosas para el combate. Este es uno de los aspectos que más nos ha atraido del juego, y es que podemos domar un gran número de monstruos para formar un ejército que nos permita atacar las bases de los rivales. Pero claro, esto no es nada sencillo, siendo especialmente difícil hacerse con los más poderosos, aunque os aseguramos que el esfuerzo merece la pena. Existe incluso la posibilidad de luchar en los cielos, algo que realmente llama la atención.

Las misiones, por otra parte, nos las mandan los personajes que cuentan con una interrogación sobre sus cabezas. No son nada del otro mundo, encargándonos casi siempre tareas que consisten en recolectar ciertos objetos, crear útiles o acabar con determinados enemigos. Tampoco nos ha convencido que, una vez aceptadas, no podamos volver a leer los detalles de las mismas si no desechamos la misión. Al menos algunas recompensas son interesantes, pero no esperéis mucho de ellas. Comentar que hay algunos minijuegos, pero preferimos que los descubráis vosotros mismos.

Muchos de estos aspectos suenan muy bien, pero a la hora de la verdad el juego no cumple con las espectativas. Hay muchos bugs, cuelgues o tiempos de carga inesperados, consiguiendo que la experiencia no sea tan satisfactoria como debiera. Si a ello le sumamos que no es demasiado original en muchos de sus sistemas, tenemos un título que, aunque podría funcionar bien en un futuro, por ahora deja bastante que desear.

Como curiosidad, aquellos que prefieran jugar en solitario tienen la posibilidad de crearse su propio servidor, donde se enfrentarán directamente a la IA y pueden elegir incluso la velocidad a la que obtienen experiencia. Quizás sea el mejor método para empezar la aventura, ya que permite conocer su funcionamiento sin la presión y el acoso de otros jugadores. Eso sí, aquí los enemigos son muy agresivos y no dudan a la hora de ir a por vuestro personaje en cuanto sale de la base. No ofrece la misma diversión que jugar en grupo, pero el juego todavía cuenta con errores que a veces nos han sacado del online, haciendo aún más preferible esta modalidad de inicio.

El apartado gráfico nos ha dejado sensaciones contrarias. Aquí tenemos personajes con modelados y animaciones simples, que quedan aún peor cuando lo ponemos en tercera persona, escenarios con texturas planas y efectos que no son nada demasiado espectacular. Pero por otro lado tenemos unos diseños de escenarios muy espectaculares que a veces consiguen que nos quedemos embobados mirándolos, funcionando además a 60fps en cualquiera de sus versiones. Eso sí, los fallos acaban pasándole factura, con parones constantes al explorar el mapa, enemigos que aparecen repentinamente ante nuestros ojos o que nuestro personaje desaparezca sin más, siendo muy numerosos a lo largo de nuestras partidas.

En el sonoro tenemos melodías que cumplen sin más, con temas que pasan fácilmente a un segundo plano, efectos algo más trabajados para ambientar su mundo y textos en castellano para que no tengamos problemas a la hora de seguir las explicaciones.

Como conclusión, Citadel: Forged with Fire es, a día de hoy, un juego al que le faltan muchos ajustes para su buen funcionamiento, con unos menús poco cómodos (especialmente en consolas), bugs, parones constantes, combates demasiado simplificados o unas explicaciones que no siempre son lo suficientemente claras. Tampoco innova respecto a otros juegos del género, pero incluye tantas posibilidades jugables una vez se superan todos los tutoriales que creemos que tiene un gran potencial para el futuro si se le da soporte.

No dudamos que en unos años pueda convertirse en uno de los referentes dentro del género, gracias sobre todo a sus múltiples posibilidades a la hora de construir fortalezas, forrmar casas y a la doma de criaturas, pero todavía le queda un gran camino por recorrer.

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