Análisis | Vídeos | 15 ENE 2019

Análisis de Onimusha: Warlords

La legendaria aventura de samuráis Onimusha: Warlords regresa a la actual generación con gráficos actualizados y algunas mejoras de las que os hablamos en nuestro análisis.
Cartel Onimusha WarlordsPlay

Onimusha: Warlords es un juego cargado de acción, puzles y tintes de RPG en el que os enfrentaréis a numerosos demonios, todo ello en escenarios prerrenderizados con cámaras fijas. Se lanzó originalmente para PlayStation 2 en 2001, cautivando con sus mecánicas a jugadores de todo el mundo, y ahora regresa con una versión mejorada para la actual generación de consolas y PC que cuenta con gráficos actualizados a pantalla panorámica, compatibilidad con un stick analógico o diálogos y voces regrabadas entre muchos otros.

Su historia nos lleva hasta 1560 en Eiroku 3 donde, en un intento por unificar a Japón, el ejército de Yoshimoto Imagawa parte hacia la capital. Pero durante su acampada en Dengaku Gorge en la prefectura de Owari, el destino de Imagawa cambió para siempre. Con solo 2000 soldados, Nobunaga Oda asaltó el campamento de Imagawa, un encuentro que es conocido mundialmente como la batalla de Okehazama. Desde lo alto de una colina cercana, un joven llamado Samanosuke Mitsuhide Akechi observó cómo se desarrollaba todo. Samanosuke, quien se negó a atraer a los señores de la guerra y viajó como a él le gustaba, era el sobrino de Mitsuhide Akechi, quien algún día sería el líder de la rebelión en Honnoji.

Sólo un año después, soldados y sirvientes comenzaron a desaparecer misteriosamente del Castillo de Inabayama, la residencia de Yoshitatsu Saito. La hermana menor de Yoshitatsu, la princesa Yuki, le envió a Samanosuke una carta detallando estos preocupantes sucesos, partiendo él hacia el castillo de Inabayama nada más descubrir lo sucedido. Sin embargo, Samanosuke no estaba preparado para su enemigo. Después de un duro encuentro con los demonios, el clan ogro le otorgó a Samanosuke un poderoso y misterioso guante que le permite crecer más fuerte con cada demonio que mata. Ahora, Samanosuke y Kaede tendrán que recurrir tanto a la fuerza como a la creatividad paa derrotar a los diabólicos enemigos, usar su destreza en el arte de la espada y el guante mágico Oni para salvar a la princesa Yuki.

El argumento es entretenido y mezcla algunos elementos reales con otros ficticios para aportarle algo de misterio y variedad a una trama bien conocida por los seguidores de la cultura japonesa. Sus personajes son bastante carismáticos, lo que hace que se haga muy llevadera. Lo mejor es que todos los textos ahora nos llegan en castellano, haciendo que sea más sencillo seguir la historia.

Los controles han cambiado respecto a la versión original, donde ahora desplazamos libremente al personaje en cualquier dirección apuntando con el stick analógico en lugar de tener que girar y después avanzar. Esto hace que el juego sea mucho más ágil e intuitivo, pero a su vez simplifica los combates. Podemos atacar, defendernos, encarar para realizar esquivas o incluso utilizar ataques especiales que consumen poder místico, los cuales son muy útiles contra los enemigos más poderosos y varían según el orbe que llevemos equipado en ese momento. Además hay movimientos letales que os permitirán acabar con los enemigos menores de un solo golpe si llevamos una buena sincronización.

Al derrotar demonios podemos absorber sus almas, dividiéndose estas en tres grupos: rojas, que se usan para mejorar el poder de nuestras orbes, armas y objetos; azules, que recuperan poder místico; y amarillas, las cuales sirven para recuperar salud. Son muy útiles, especialmente para aumentar la vitalidad o bien para mejorar las armas y sus habilidades, para lo que tenemos que visitar los espejos Oni en los que también podemos guardar la partida.

En algunos momentos de la aventura también controlamos a Kaede, aunque en general funciona igual que Samanosuke. La mayor diferencia reside en que no utiliza el guantalete y, en consecuencia, no puede acceder a la pantalla de mejoras y que determinados objetos sólo pueden utilizarlos alguno de los dos, aunque ambos personajes comparten inventario.

Los puzles son muy parecidos a los que disfrutábamos en los primeros Resident Evil, con objetos ocultos por los escenarios que debemos recoger para utilizarlos en otros lugares o algunos en los que hay que utilizar la información obtenida de los documentos. En general son entretenidos y le aportan variedad al desarrollo, si bien pueden sentirse algo anticuados en la actualidad.

Por otra parte, los escenarios siguen siendo prerrenderizados, con una mayor resolución para ver mejor los detalles y cámaras fijas que en ocasiones pueden confundir por los constantes cambios de ángulo. Cuentan con poco contraste, lo que a veces hace que los elementos con los que podemos interactuar sean perfectamente visibles al tener un modelado tridimensional. Todo ello también afecta a los combates, donde seguir la pista de los enemigos a veces puede ser complicado.

Y hablando de enemigos, hay bastante variedad, aunque al contar con unos controles más ágiles si que hemos notado un descenso de la dificultad. Aun así las peleas contra ellos siguen siendo satisfactorias, especialmente contra los jefes, que además de contar con patrones de movimientos más complejos tienen ataques que pueden resultar letales. Para derrotarlos deberéis usar ataques especiales que los debilitarán.

Su duración no es demasiado extensa, pero al menos incluye medallas con retos a conseguir que hacen que sea bastante rejugable. Además incluye dos niveles de dificultad: fácil, que ahora está desbloqueado desde el principio con enemigos menos poderosos y una vitalidad reducida pero que no permite conseguir el rango S; y normal, cuya dificultad es la estándar del juego original.

El apartado gráfico cumple a pesar de ciertas carencias, aunque es normal si tenemos en cuenta que la versión original es de PS2. Los personajes y enemigos están bien animados, aunque podrían estar más detallados y tener una mayor expresividad. En cuanto a escenarios, estos son prerrenderizados y, aunque en general nos gustan y se ven mejor por el aumento de resolución, no todos están al mismo nivel. Si a ello le sumamos los problemas que existían por los cambios de ángulo de las cámaras, tenemos un aspecto con mucho margen de mejora. Al menos funciona con fluidez y podemos alternar entre el formato de pantalla de 4:3 a 16:9.

La banda sonora cuenta con melodías reorquestadas que le sientan genial a la aventura. Los efectos no están nada mal, con una buena ambientación para trasladarnos hasta la época. Pero lo mejor es que ahora incluye tanto el doblaje en inglés como en japonés, con subtítulos y textos en castellano que os permitirán seguir perfectamente la trama y comprender sus mecánicas jugables.

Como conclusión, Onimusha: Warlords sigue siendo tan entretenido como cuando se lanzó en su momento, pero ahora con un sistema de control más satisfactorio y gráficos actualizados que nos permiten apreciar mejor sus pequeños detalles. En el lado negativo tenemos una dificultad que se ha visto mermada por las mejoras en los movimientos de los personajes y que quizás sea algo corto si lo comparamos con otras aventuras actuales, pero en general cumple.

Un título que os permitirá conocer uno de los mejores juegos de samuráis y fantasía, a la que quizás le falla el no incluir extras más allá de las mejoras audiovisuales y en sus mecánicas.

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