Análisis | Vídeos | 27 AGO 2019

Análisis de RAD

Sobrevive a los desastres de un segundo apocalipsis en RAD, el nuevo juego nacido de la colaboración entre Bandai Namco y Double Fine.
Cartel RADPlay

RAD es un juego de acción y exploración tridimensional que se desarrolla desde una perspectiva aérea, en el que manejamos a personajes capaces de mutar su cuerpo para afrontar los diversos desafíos que le esperan junto a su bate. Los escenarios se generan proceduralmente para asegurarnos partidas únicas y mucha rejugabilidad, teniendo a varios protagonistas a nuestra disposición con características únicas.

Su historia nos lleva hasta un mundo que se ha enfrentado al armagedón no una, sino dos veces. Ahora nos ponemos en el papel de un adolescente que tiene que aventurarse en el Barbecho, un páramo radioactivo que cambia constantemente, lleno de criaturas desconocidas e indescriptibles. Su misión es encontrar la solución para sanar el mundo y transformar el agrietado y árido paisaje en una exuberante fuente de vida, pero no será nada fácil. Esto tiene un gran coste personal, ya que cuanto más se adentra en tierras desconocidas, más se expone a las toxinas que causan estragos en su frágil forma humana.

Este argumento, sin ser nada demasiado profundo, sabe entretener con su tono burlesco y su estilo rebelde. No esperéis largas introducciones o párrafos extesos, ya que no encontraréis demasiados textos más allá del comienzo de la aventura y algunas conversaciones con los personajes repartidos por su mundo. Eso sí, todo los textos nos han llegado traducidos en perfecto castellano para que no tengáis ningún problema a la hora de seguir la trama o comprender su funcionamiento.

Nada más comenzar nos toca elegir a uno de los adolescentes, teniendo cada uno una serie de características que varían la experiencia. Hay que tener en cuenta que algunos de ellos están bloqueados al comienzo de la partida y os tocará avanzar para conseguirlos, además de contar con muerte permanente que os hará cambiar de uno a otro.

Los controles son muy sencillos, encontrando un botón para atacar y otro para saltar, pero poco a poco se van ampliando las posibilidades al hacernos con partes mutadas para el cuerpo de nuestro protagonista. Una cabeza de serpiente, alas de murciélago que nos permiten desplazarnos con rapidez, una criatura que sale de la espalda del personaje y dispara proyectiles… son muchas las posibilidades y siempre es un placer intentar descubrirlas todas, aunque no siempre sean beneficiosas para nosotros.

Contamos con dos tipos de habilidades: Endo, unas pasivas que vuelven al personaje inmune o mejoran su habilidad y que se conservan de una partida a otra a través del bate del protagonsita, y Exo, las activas con las que aprender ataques, mejorar la defensa o incluso empeorar al personaje. Podemos tener hasta tres mutaciones Exo que aseguran partidas muy diferentes entre sí.

El objetivo final es localizar una especie de totems repartidos por los escenarios para abrir un portal que nos lleve hasta el jefe del lugar, encontrando cada vez a enemigos más poderosos y trampas que pueden llegar a sorprendernos. Os aseguramos que no es una tarea sencilla, especialmente si tenemos en cuenta que al morir el protagonista perdemos todo lo que llevamos en ese momento, ya sea dinero, objetos, mutaciones o mejoras entre otros.

Por suerte, hay algunos elementos que se pueden conservar a pesar de la muerte permanente y que nos dan la sensación de progreso, como la posibilidad de desbloquear nuevas armas y mejoras que podemos comprar en nuestra base o de guardar dinero en el banco para mantenerlo a pesar de que mueran. Es algo que nos ha gustado bastante, pero que a algunos jugadores puede llegar a desesperar al no suponer una gran ventaja.

Los escenarios no están nada mal y cuentan con varias alturas a explorar, trampas y enemigos acechando en cada rincón. Tienen algunos elementos destructibles, personajes con los que interactuar y ciertos mecanismos entre otros, haciendo que nunca se haga aburrido exploralos. Quizás su tono colorido y ochentero pueda hacer que sus elementos sean un tanto confusos, pero eso le aporta un toque estratégico interesante.

Por otra parte, los enemigos son muy variados y peligrosos, recomendando siempre utilizar alguna mutación que nos permita mantener las distancias. A poco que sean grandes, quedamos expuestos a sus acometidas si utilizamos el bate, siendo el desplazamiento de nuestros personajes demasiado lento como para esquivar.

El mayor problema de este juego reside en la aleatoriedad, ya que en ocasiones encontraréis montones de cintas, carne o disquetes muy útiles para progresar en el juego, pero en otras nada de esto abunda y los enemigos son realmente peligrosos. Esto hace que de vez en cuando quede demasiado desequilibrado y pueda llegar a desesperar, teniendo que enfrentarnos a los jefes sin apenas recursos. Es por ello que, sin importar los útiles que llevéis en ese momento, es un juego que requiere pausa y pensar bien cada uno de nuestros movimientos, siendo esenciales las mutaciones para poder afrontar los desafíos que nos esperan.

La duración es tan larga como os atraiga la propuesta del juego, garantizando mucha rejugabilidad por contar con elementos que se generan proceduralmente. Siempre es muy divertido ver todo lo que cambia de una partida a otra a pesar de no ser un título extenso, si bien es cierto que a la larga puede dar la sensación de repetición. Además, contamos con un modo que nos permite afrontar desafíos diarios para intentar alcanzar las posiciones más altas de las tablas de clasificación.

El apartado gráfico es muy similar a lo visto en otros juegos de Double Fine, con una estética en cell-shading, un estilo ochentero y elementos coloridos pero un poco desaturados. Los personajes están bien modelados y animados, no estando al mismo nivel los enemigos. Por su parte, los escenarios resultan vistosos en un primer momento, pero al utilizar tonos similares puede dar la sensación de repetitividad llegado el momento. Cuenta con algunos tiempos de carga un poco extensos, pero lo compensa funcionando con fluidez.

En el sonoro tenemos melodías muy acordes con la temática del juego, utilizando sintetizadores que le sientan genial a la aventura. Las voces nos llegan en inglés y, como ya hemos comentado, van acompañadas en todo momento de textos en perfecto castellano.

Como conclusión, RAD nos ha parecido una propuesta bastante original al apostar de forma tan acertada por las mutaciones, que hacen que la experiencia cambie con cada partida. El tener muerte permanente le sienta bastante bien a pesar de que no a todos los jugadores les guste perder casi todo lo conseguido hasta el momento. La parte negativa se la lleva la aleatoriedad, que en ocasiones puede dejarnos vendidos nada más empezar.

No es el mejor juego del género, pero sí que resulta entretenido, especialmente si queremos descubrir todos los secretos que ocultan los escenarios y las mutaciones disponibles. Algo muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados Double Fine.

Comentar
Para comentar, es necesario iniciar sesión
Se muestran 0 comentarios